Colaboradores

15 Jul 2017
Colaboradores | Por: Paula Magaña

Lo que el dinero no puede comprar

 

“Las personas siempre nos recordaran por lo bueno que hacemos por ellas, y los buenos momentos guardados en sus corazones”

La mayoría de veces todos tenemos una perspectiva en la cual creemos que, si tenemos todo lo material que nos hemos propuesto, o alcanzar nuestras metas académicas y laborales. Hemos llegado al punto de creer tenerlo todo, sin embargo, la mayoría del tiempo nos olvidamos de algo muy importante de “ser”, a que nos referimos con el término “ser”.

Constantemente, olvidamos dar nuestro ser a otras personas, debido a que estamos enfocados en alcanzar nuestros objetivos en diversas áreas, como, por ejemplo, en el área laboral, al querer ascender a un puesto, obtener un mejor empleo y ser reconocido según  la labor que se desarrolle. Al mismo tiempo, buscamos una satisfacción material como recompensa de un esfuerzo y nos olvidamos, poco a poco, de los valores como solidaridad, amabilidad y, especialmente, el amor y servicio hacia las otras personas. E incluso muchas veces nos olvidamos de vivir.

Ahora bien, ¿Cuál es el legado que dejaremos a las generaciones futuras? Es posible que muchos de nosotros les dejemos bienes materiales, pero es que estamos olvidando lo más importante. Las personas nunca van a olvidar lo bueno que hemos hecho por ellos. Esos buenos momentos con conocidos, amigos o familiares. El haber estado en las buenas y en las malas con todos ellos, e incluso una pequeña acción como sonreír y saludar a alguien que va pasando por la calle; hasta detalles más grandes y significativos como dar un abrazo y dar consejos, son acciones que se quedan grabadas en la memoria de una persona y que le cambian el día, para bien.

No nos damos cuenta que sin necesidad de muchos recursos económicos somos felices. No podemos comparar la alegría de tener cosas nuevas, con la de recibir un abrazo de una persona a la que no veíamos durante una larga temporada. A esa persona que significa más para nosotros que un millón de dólares, por así decirlo.

Al mismo tiempo, podemos en práctica “nuestro ser” en nuestro ámbito laboral. Cuando un maestro le da más tiempo del que por obligación debe dedicarle a un alumno, con el único propósito que su estudiante aprenda; luego de unos años cuando este alumno tenga un buen trabajo, será el profesor quien tendrá la satisfacción de que su tiempo extra dio un resultado. Lo mismo con un médico cuando salva una vida, un fisioterapeuta al lograr con su paciente su recuperación física completa o un abogado al defender a una persona y lograr que la justicia prevalezca. Esto se aplica a todas y cada una de las profesiones que como jóvenes podemos aspirar.

También está la satisfacción de llevar alegría a personas necesitadas, no solo materialmente, sino emocionalmente con las que necesitan un rato de compañía o una pequeña charla. Al hacerlo, nos llenamos de una satisfacción sin precio y dejamos parte de nuestro ser en las personas. Solo así ponemos en práctica “nuestro ser” y entendemos que “el tener” es solamente un término mundano y sin importancia.

Las mejores cosas del mundo se ganan con nuestro “ser”: amor, confianza, fe, sabiduría, paz interior, humildad, amistad verdadera y un sentido para nuestra vida.

“Cuida muy bien lo que con dinero no puedes comprar”.

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