Colaboradores

23 Oct 2014
Colaboradores | Por: Ricardo Hernández

Lo que esperamos de las campañas electorales

Hoy más que nunca el ciudadano común necesita gente que le inspire, gente que genere confianza.

Algunos políticos olvidan que las elecciones no se ganan con el voto duro. El voto duro de un partido nunca dará el 50+1. Ese voto es inamovible y solo puede alentársele siendo responsable, brindando buenos argumentos y llevando a cabo acciones que convenzan de la capacidad de sus aspirantes.

Las campañas van dirigidas a personas que no son de ningún partido político, es decir, votos indecisos, gente escéptica. A esa gente es a la que se le tiene que convencer de que su proyecto es mejor que el del contrincante. Esta gente hace la diferencia a la hora de los resultados finales.

Los electores quieren ver cómo les van a solucionar sus problemas; demandan soluciones inmediatas a sus problemáticas más urgentes. La mejor campaña que puede hacer cualquier político son los resultados, acciones, hechos, obras conclusas.

La gente espera una campaña de altura. Merece no solo spots llamativos y canciones pegajosas, sino un verdadero debate entre los contendientes. Necesitamos conocer sus planes de gobierno, su equipo de trabajo, sus proyectos y modos para ejecutarlos.

Ya no es con banderines ni canciones partidarias que persuaden a los salvadoreños, sino con actitudes sensatas y democráticas, más propositivas y menos confrontativas. Ya basta de campañas de señalamientos. Suficiente tenemos con la actual situación de violencia en la que vivimos.

La juventud es muy importante. Quien sepa mover a los jóvenes, el sector más vulnerable y en este momento el más apático hacia la política en el país, tendrá media victoria en la bolsa.

¡Cuidado con el voto de castigo! Esto va a representar un sorpresivo revés el día de los comicios para algunos partidos. La gente quiere ver políticos auténticos. Necesita modelos de concertación y emprendimientos que no solo se vean en los momentos de la campaña política, sino que los tengan al alcance siempre.

Hoy más que nunca, donde la situación en el país parece llegar al límite, el ciudadano común necesita gente que le inspire, gente que genere confianza. Hoy por hoy, necesitamos esperanza. Solo quien abra su corazón a los valores de un verdadero líder y el temor de Dios, podrá infundir esa fe (esa fuerza que nos mueva) que necesitamos para que El Salvador cambie.

 

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