Colaboradores

12 Mar 2017
Colaboradores | Por: Stanley Arévalo

Las alitas de nuestro país

Hace un siglo nuestros antepasados observaban como un artefacto volador surcaba los cielos y se preguntaban que podría ser aquello capaz de alcanzar semejante altura. En la actualidad es normal observar estos artefactos sobrevolar los cielos salvadoreños, artefactos que llamamos: aviones y helicópteros. No se pueden mencionar otros nombres porque, a nivel de sociedad, solo por esos nombres son conocidos.

Aunque, actualmente parezca normal, son muchas las dificultades que se tuvieron afrontar para llegar al nivel del cual gozamos. No tenemos límites de comunicación, viajes o transporte. Para una sociedad que coloquialmente utiliza la frase “el cielo es el límite”, no sabe cómo se originó esto y la lucha para evolucionar. Aunque el inicio no sea lo más gratificante de mencionar por los conflictos armados, pero lo que ahora se goza tal vez sea un costo que valió la pena pagar.

En 1912 sobrevoló la primera aeronave sobre cielo salvadoreño y era pilotada por el francés Francois Durafour. Admiración e incredulidad en los rostros de todos los salvadoreños que seguramente observaban atónitos, esa escena que solo en su imaginación podría existir. Me imagino que mientras la aeronave llegaba a su destino, muchos señalaban al cielo y como escena de película pronunciaban “¿qué será eso? Es un pájaro, es un insecto ¿un artefacto de metal?” Imaginar que algo parecido a un carro volara, era una escena de cuentos de hadas, de leyenda, de mito y no de cine, porque aun el cine no era conocido en esa época. Sus ojos presenciaban una escena que cambiaría el transporte nacional e internacional.

Poco de tiempo después a esta escena, se sumaron otros pilotos realizando “shows” de exhibición para despertar el interés de todo el pueblo cuscatleco. Fue Julio Yudice el primer salvadoreño en surcar los cielos nacionales y también diseñó su propia aeronave, sin embargo, no es muy conocido en la industria aeronáutica nacional. Poco a poco, la aeronáutica salvadoreña empezó a tomar forma.

Ya en 1923, El Salvador tenía su propia flotilla aérea, ahora FAS, gracias al presidente Arturo Molina. Para 1929 ya existía el Aeroclub; luego, en menos de 20 años, ya había una aerolínea en nuestro país. Ahora, El Salvador tiene uno de los mejores sectores aeronáuticos de toda Centroamérica.

Por otro lado, la educación de aviación civil tampoco se queda atrás. El Salvador cuenta con centros de instrucción en el Aeropuerto Internacional de Ilopango, estos se encargan de dar clases a los futuros pilotos comerciales. El camino puede parecer largo, pero estamos avanzando a pasos agigantados y confiamos en el avance de la tecnología para aplicar dichos cambios de forma más fácil.

Hace 20 años no contábamos con una institución que velara por la aeronáutica como ahora existe, Autoridad de Aviación Civil (AAC). El panorama parece perfecto, pero depende de esta generación y de la ambición que se tenga de alcanzar otros cielos internacionales o llegar a un nuevo nivel de altitud. No sabemos si dentro de 20 años se utilizarán automóviles todavía o quizás dependamos de los cielos, quién sabe. Aunque parezca una fantasía o algo sacado de la imaginación, pero eso mismo pensaron hace más de 100 años cuando vieron en el cielo al primer artefacto volador. Nadie sabe de lo que podamos depender el día de mañana.

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