Colaboradores

14 Dic 2013
Colaboradores | Por: Andrés Carranza

La verdad detrás de la mentira

Las lluvias cesan, los vientos soplan y las calles de El Salvador se vuelven más coloridas. Sin embargo ¿A qué me refiero con el término “coloridas”? Cuando uno piensa sobre dicho concepto, uno se imagina alegría, júbilo, una atmosfera tranquila, jovial, donde quizás desaparezcan nuestros problemas, nuestras tristezas… No obstante, el “colorido” de las calles de “Sivar”, por así decirlo, no hace más que demostrar todo lo contrario.

Desde una pancarta que dice “Adelante”, mostrando a la población que todo está bien, que hay que continuar con la miseria que vive el país en su día a día, hasta una bandera blanca, recordándonos la paz en la que no vivimos, con siglas similares a la de la palabra “unión”, siglas que, irónicamente representan la desunión del país; son solo un par de quizás los millares de slogans, frases, imágenes y logos que ilustran las calles de nuestro querido El Salvador.

La carrera política ha comenzado. Y, en contradicción al concepto de democracia, “demo kratos”, poder del pueblo, el más afectado por dicha “carrera” es el pueblo… De qué les sirve, a ciertos candidatos, financiar, con recursos de otros pueblos latinoamericanos, campañas propagandistas que solo se enfocan en confundir al salvadoreño más “humilde”, con promesas irreales, y propuestas pragmáticas que no hacen más que reflejar el populismo presente en su gobierno. Claro ejemplo es la propuesta de “computadoras para todos”. ¿Cómo podrán otorgar una computadora por niño si, en los últimos cinco años, han sido incapaces de otorgar un uniforme por niño? Asimismo, el dinero para financiar dicho proyecto no caerá del cielo. El ciudadano salvadoreño deberá pagarlo a través de sus impuestos.

 Por otra parte ¿de qué le sirve a cierto candidato ofrecer clases de inglés gratuitas, más una bonificación de cien dólares mensuales?, cuando solo en un mes, se irían más de cuatrocientos millones de dólares, asumiendo que el  57% de la población forme parte del proyecto y reciba la bonificación mensual; esto sin contar el costo de las clases. Algunos dirían que es una muy buena idea, pero por el costo de dicha “idea”, nos damos cuenta de que es otro de los engaños que los políticos propician al pueblo salvadoreño. Es una idea escrita en papel, que solo demuestra cómo la “conspiración” entre estas dos fuerzas políticas está dando “manotazos de ahogados”.

Si uno como salvadoreño se toma un tiempo para reflexionar, abandonando el espejismo político que nos domina, y se pone a pensar sobre el mundo que nos rodea: la pobreza, la desigualdad, los abusos… Si uno como salvadoreño se pone a pensar en el costo de la propaganda política… En los millones que gastan los partidos en “pedir el voto”, cuando lo único que hacen es gastar papel y abatir al pueblo… Si uno se transporta a varios de los semáforos de la capital, donde los mendigos piden limosna a la merced de los conductores, y notamos que en dicha calle, en dicho semáforo incluso, hay unas diez o más pancartas pidiendo el voto para “Fulanito de tal”, diez pancartas que costaron lo que le costaría a este mendigo una comida digna… Si el costo de la propaganda fuera utilizado para bienes comunes, bienes para la población… ¿Acaso no mejoraría la vida de varias familias?

Cabe recalcar que en mi opinión la propaganda política no debe de ser eliminada, solo sus excesos. Cabe recalcar que la propaganda política, la dichosa “pinta y pega” se vuelve cada vez más inservible, porque el salvadoreño ya no es “tonto”… El salvadoreño ha visto cómo su país ha caído al abismo en los últimos cinco años, el salvadoreño no se “traga” los cuentos de un cambio venidero… Ultimadamente, el salvadoreño tiene el poder de decidir entre el fuego y el agua, entre lo blanco y lo negro, entre el bien y el mal.

*Colaborador de MedioLleno 

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