Colaboradores

26 Ago 2017
Colaboradores | Por: Alejandra Machado

La solidaridad de la izquierda lejos de la realidad nacional

El Salvador siempre ha sido un país que ha mantenido buenas relaciones con Estados Unidos, gracias a la ayuda que la potencia brinda a través de fondos por ejemplo, y hasta se logra ver el beneficio no directamente del país como Estado; sino, de todos los hermanos lejanos que, día con día, salen a trabajar, indocumentados, o no, para poder enviar remesas a sus familiares salvadoreños, que como ya se sabe, es uno de los ingresos a la economía del país que le tienen a flote. En el 2016, el Banco Central de Reserva afirmó se recibió el monto más alto de remesas de la historia equivalentes al 17.1% del PIB.

El Estado salvadoreño se beneficia también de mantener alianzas con Estados Unidos, y un claro ejemplo de ello ha sido el Fondo del Milenio (FOMILENIO). Según datos de Transparencia Activa del Gobierno de El Salvador, FOMILENIO I favoreció a 11 mil 192 personas entre los años 2009 y 2012; aun sobrepasando la meta previamente estipulada por el convenio, y ahora muchas más personas son beneficiadas gracias a FOMILENIO II.

¿Pero cuál es el problema que se ha visto últimamente?

El FMLN es la primera fuerza política de El Salvador desde el año 2009 con la elección del ex presidente Funes, ahora siendo el jefe de Estado Salvador Sánchez Cerén. Es un partido político con ideología de izquierda, por lo que es natural que mantenga relaciones con otros países con la misma línea política. Pero, el problema radica cuando apoyar a estos otros aliados causa el descontento, no solo de la misma población salvadoreña, sino también el de uno de los países que más ayuda brinda al país.

A pesar del Estado venezolano ser democrático, o al menos haberlo sido en algún momento, se le conoce como una dictadura, desde los períodos de Hugo Chávez hasta ahora bajo el poder de Nicolás Maduro. Desde hace mucho tiempo cualquiera se ha podido dar cuenta de las abismales diferencias que Estados Unidos, ha tenido con este país suramericano y, actualmente, es de los principales temas en portada en los diferentes medios de comunicación. Esta es una eterna discusión entre el presidente Donald Trump y Nicolás Maduro, lo que causa una fuerte confrontación y hasta amenazas militares.

¿Pero qué papel juega El Salvador en este conflicto? Simple, absolutamente ninguno.

El presidente Sánchez Cerén y todo su partido apoyan incondicionalmente al gobierno venezolano y aplaude sus acciones. La pregunta que deberían hacerse en realidad es ¿Qué están haciendo opinando en conflictos, que pueden despertar aún más la furia de Estados Unidos y ponen en riesgo las alianzas que se ha logrado obtener desde gobiernos anteriores? El Salvador no es un país desarrollado aun lamentablemente, es un país en vías de serlo, y esta clase de países necesita tener amigos a nivel internacional, pero no cualquier clase de amigos, sino aquellos que logran ayudarle a salir a flote y mantenerse.

El descontento puede verse en los mismos salvadoreños, los cuales dentro de ciertos espacios en línea muestran su verdadera opinión y muestran indignación al ver primeramente como los políticos de la izquierda del país apoyan a una Venezuela, que ha dado diez pasos atrás en la democracia o la violencia dentro de este conflicto, y no se preocupan por ver el problema social que tienen enfrente llamado “pandillas”. Y es que las pandillas están sometiendo a la sociedad salvadoreña bajo su poder, y también demuestran su molestia en ver como a nivel internacional están “mordiendo la mano del que les da de comer”.

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