Colaboradores

3 May 2015
Colaboradores | Por: Víctor Ayala

La sociedad de la indiferencia

Depende de nosotros que El Salvador sea un lugar mejor y llegar lejos; depende de nosotros ser mejores personas, pero sobre todo depende de nosotros poner nuestro granito de arena para lograr la paz que tanto anhelamos.

Antes de escribir esta columna me tomé la molestia de realizar una pregunta a algunas personas: para ustedes, ¿cuál es el problema más grande de nuestro país? Lógicamente surgieron respuestas como violencia, falta de oportunidades, deshonestidad, mala educación, salud de baja calidad, corrupción y un sinfín de problemas reales y palpables en el diario vivir de la mayoría de salvadoreños. En mi opinión, si bien son respuestas muy acertadas, en conjunto no podrían estar más equivocadas; nuestro problema más grande como sociedad es la indiferencia.

La indiferencia a todo lo antes mencionado y más como habitantes de este hermoso país y me incluyo, no pasamos de la indignación y expresarnos por los diferentes medios de comunicación que la tecnología a nuestro alcance nos permite, pero nos quedamos ahí, como activistas de Twitter, Facebook y demás redes sociales. Muy acertadamente decía el Papa Francisco antes del inicio de la cuaresma: “cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás, no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen”. ¡Cuánta verdad contienen sus palabras! No podemos dejarnos alcanzar por esta corriente que rápidamente atrapa al mundo, volviéndonos menos sensibles, menos humanos, velando solamente por lo propio.

Si bien el gobierno tiene un alto grado de responsabilidad real y no es un problema de percepción como lo quieren hacer ver, también nosotros como sociedad somos hasta cierto punto responsables. Responsables de ignorar todo aquello que no nos afecte, mientras nuestro país llora cada día a 16 de sus hijos.  Nuestro himno nacional reza de la siguiente manera: “De la paz en la dicha suprema, siempre noble soñó El Salvador, fue obtenerla su eterno problema, conservarla es su gloria mayor”. Conservar la paz debería ser sobre todas las cosas el más importante de los sueños de todos los salvadoreños, un país lleno de hermandad, fraternidad, apoyo y compañerismo. Extender la mano a todo aquel que lo necesita, darnos a nosotros mismos a los demás para que juntos hagamos país, para que juntos salgamos adelante, demostrando al mundo que la paz que tanto soñamos por 12 años no se quedó solamente en las paredes del palacio de Chapultepec en 1992, sino que fue más allá.

Cito nuevamente al gran Juan José Cañas cuando escribió “Dolorosa y sangrienta es su historia, pero brillante y excelsa a la vez”, y es así, nuestra historia es dura, llena de sufrimiento, pero extremadamente brillante, escrita por miles de salvadoreños que cada día salen de su casa a luchar por un mejor país, por un mejor futuro, lleno de oportunidades, con sueños de superación. Como sociedad debemos darnos la oportunidad de demostrar a todos que sí podemos; podemos ser mejores, ganarle la batalla a la indiferencia; sí podemos salir de esa mediocridad que nos envuelve, sí podemos alcanzar la paz que tanto anhelamos. Depende de nosotros que El Salvador sea un lugar mejor y llegar lejos; depende de nosotros ser mejores personas, pero sobre todo depende de nosotros poner nuestro granito de arena para lograr la paz que tanto anhelamos.

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