Colaboradores

8 Feb 2015
Colaboradores | Por: José Manuel Zepeda

LA ROMERO-LATRÍA: buenos para hablar, pero inútiles para actuar

Es fácil hablar de un ser humano ejemplar, pero es difícil vivir la vida con el radicalismo renuncia de él. Monseñor Romero no es un héroe creado por el subconsciente colectivo. Es un ser humano de carne y hueso que vivió el evangelio con el mismo radicalismo que Jesucristo.

Cuando pienso en Monseñor Romero me da tristeza, no por él sino por todos los que se dicen llamarse “romeristas”; los que se alegran por su futura canonización, que andan con camisetas con la silueta de San Romero y que lo publican en redes sociales. Romeristas los hay en todos los estratos. Incluso, la clase social pudiente de pronto se volvió romerista, casi por arte de magia, con el deseo de ganar simpatía popular. Los hay en la jerarquía de la iglesia católica de El Salvador, en la protestante, en anglicana; muchos obispos y sacerdotes lo son.

Algunos de ellos son buenos para hablar de Monseñor Romero, pero no sirven para vivir como Monseñor Romero. Por eso nunca, aunque lo intenten, lograrán hablar como Romero si no renuncian a sus comodidades y lujos. Romero hablaba con autoridad, es decir, sus palabras se correspondían con los hechos; hablaba de y con los pobres y a la vez vivía con y como los pobres.

Es decir, ciudadanos, funcionarios, sacerdotes y obispos salvadoreños son buenos sólo para hablar de Monseñor Romero, pero nadie asume la vida con la radicalidad y entrega del mártir. Cada uno vive acomodado, muy bien establecido en el statu quo y la opción preferencial de los pobres solamente se quedó a nivel discursivo, pero no a nivel existencial. Sacerdotes y obispos acomodados en establecimiento de su ministerio, alegres por la futura canonización de Romero, pero nadie asume el compromiso de perpetuar con su estilo de vida el legado de nuestro futuro santo.

Una vez le preguntaban a Jon Sobrino por qué hablaban de los pobres pero no vivían como los pobres. Y él contestó que no se trataba de eso, sino que se trata de una analogía, es decir, no es que se tiene que vivir como los pobres, sino hacer sentir a los pobres que se está con ellos. Nada más light que eso. Nada más cómodo que eso. Podríamos llamar a eso la versión light de la opción preferencial de los pobres, “no vivir como ellos, sino hacer sentir que estamos con ellos”; podemos escribirlo en un fondo celestito para que se vea más bonito.

Hay muchos romeristas que se llenan el pecho hablando de él y condenando a los simpatizantes de la derecha, manipulando el discurso.

Evitemos caer en la romerolatría. Ya lo dijo el mismo Monseñor Romero refiriéndose a los que hacen de la Virgen María un ídolo: el mejor homenaje es encarnar como él los valores del Reino de Dios. Como dijo Gandhi: “Creo en Cristo, pero no en los cristianos”; yo ahora digo: creo en Monseñor Romero, pero no en los romeristas.

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