Colaboradores

22 Jul 2017
Colaboradores | Por: Ludwin Arévalo

La revolución que se vendió

Siempre una revolución inicia con el sueño de mejorar las condiciones de vida; para acabar la opresión de las masas; para cambiar algo que no está bien o para acabar con un régimen que está sangrando al país. Así estalló la guerra en el país. Aquellos pensadores, estudiantes, maestros, campesinos y de toda clase de salvadoreños querían algo mejor. Soñaron con un El Salvador mejor. Dejaron todo y arriesgaron sus vidas para lograr eso, y pensaron que lo habían logrado.

Luego de 4 elecciones perdidas contra el partido de derecha, que terminaron desangrando al país con todos los escándalos de corrupción de los últimos años y lo que apuntaba como un candidato no ortodoxo, Mauricio Funes, de aquella izquierda tan de los 80. Para ese entonces, Schafik Hándal ya no estaba. La gente, por fin, confió en ellos para dirigir el país. La derecha por fin perdía y todo iba a mejorar, la gente pensó ver un rayo de esperanza.

Un período y medio después se ha disminuido el presupuesto para la salud. Y, a pesar que el presidente actual fue maestro, no tenemos una reforma en educación que pueda palear la cada vez más decadente educación en el país. Las extorsiones no se ha detenido y las pandillas están lejos de flaquear en la guerra contra la sociedad; y lo peor de todo, se sigue sangrando al país, evadiendo impuestos de forma impune y hay leyes que los protegen. La solución para la crisis fiscal del gobierno, al darse cuenta que no pudo contra el monstruo que lo dejó jugar por un momento, han sido los impuestos de la población.

En otros países los impuestos son más, pero dudo que la gente se moleste por ellos porque ven su importancia; estos son utilizados para el beneficio de la población. Acá tenemos diputados que se niegan a perder su seguro médico privado y que no pueden renunciar a su bono navideño porque “lo merecen”. Así mismo, exigen vuelos en primera clase a las aerolíneas; prestan los vehículos del gobierno para que sus familiares paseen alegremente por el país. Por otro lado, jueces y fiscales se regalan pines de oro. Y todo esto en medio de la crisis económica que vive el país.

Al parecer, las reglas del juego siguen siendo las mismas y dictadas por los mismos; mientras que, los que pagamos las consecuencias con la falta de medicamentos, mala educación e inseguridad también somos los mismos de siempre. Mientras los padres de la patria tienen seguro privado, mandan a sus hijos a estudiar al extranjero y tienen seguridad privada; los que caminan todos los días por el centro de San Salvador para poner a funcionar este país, siguen en las mismas condiciones que supuestamente iban a cambiar. Al día de hoy, los evasores siguen muy felices porque los que los van a sacar al país de la crisis fiscal es la gente, esa misma gente a la que le pondrán impuestos, incluso por respirar. Hay que ser consiente que el cambio no iba a pasar en 1 o 2 años, había que ser pacientes ¿Qué pensaría Schafik Hándal de estos padres de la patria? Esos que antes comían 1 tortilla y ahora ni la recuerdan; y en cambio, ahora ya conocen de sushi ¿Debemos seguir esperando el cambio porque este viene lento? La paciencia se acaba.

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