Colaboradores

29 Nov 2015
Colaboradores | Por: Sandra Cárcamo

La realidad representativa

Las últimas semanas de plenaria han significado una constante lucha entre personajes políticos. Es preocupante. En realidad, el hecho no es más que un contexto totalmente lógico en una sociedad violenta y poco tolerante ante los puntos de vista de otros.

Vi la reunión de la comisión financiera y me alegró ver un debate de sugerencias, ideas y puntos de vista coincidiendo entre sí, discerniendo debatiendo y luchando por ideales, pero lastimosamente eso no es generalizado en la Asamblea Legislativa.

¿Cuántas veces hemos escuchado que los diputados son el reflejo de la ciudadanía? Varias, y seguramente nos indignamos con tales afirmaciones y pensamos: “yo no me parezco a ellos”. Pero, ¿qué hace la mayor parte de la población cuando un compañero de clase le dice que no está de acuerdo con lo que otro ha opinado? Se enoja, se ofende y es probable que se rumore que siempre se cayeron mal. ¿Qué pasa cuando en medio de una clase no estamos de acuerdo con algo, levantamos la mano y le decimos al catedrático que no estamos de acuerdo? Lo consideran falta de respeto, se ofenden y aseguran tener la total autoridad para decir lo que dicen. ¿Está entonces esto reflejado en nuestros representantes? Por su puesto que sí y es merecido.

Lo más alarmante es que seguimos aplaudiendo la intolerancia y el irrespeto porque lo seguimos practicando. Seguimos celebrando cuentas en redes sociales que desprestigian a políticos, sin ningún argumento, solo superficialidades. Los troles tienen más seguidores y engagement que una página de escritura. Continuamos informándonos sobre qué dijo Vanda Pignato de Funes, pero no de cuáles son la leyes que se aprueban en pleno cada jueves. Nos seguimos quejando de haber recibido un mensaje porque la tarifa telefónica sube pero ni siquiera sabemos por qué, cómo y cuándo. No nos damos cuenta de que es culpa nuestra.

Aunque parezca absurdo, extraño el período electoral. Extraño que las personas sientan que tienen una obligación ciudadana y lean aunque sea los titulares de los periódicos para saber qué pasa con los políticos. Estoy cansada de ver jóvenes sesgados por fanatismos. De jóvenes que aplauden un discurso, un tuit y una frase de figuras políticas, pero que no se pronuncian en contra de acciones ilícitas, de jóvenes que no son capaces de decirle a los diputados que apoyaron “me estás decepcionando”. Y me preocupa más todavía que la Asamblea Legislativa sí nos esté representando con intolerancia, shows y un debate de personas y no ideas.

Pero no todo está perdido, porque así como en la Asamblea existió una reunión de comisión capaz de debatir con respeto y fundamentos, la ciudadanía tiene individuos capaces de debatir con otros, de decir lo que no le gusta fuertemente y después seguir hablando de temas comunes. Existe la esperanza, pero no está exenta de nuestra obligación, de asumir la tolerancia. De ser capaz de escuchar lo que otro opina y decir “debatámoslo”. De pasar horas intentando cambiar el mundo con alguien que no tiene  nada que ver con nuestras convicciones pero que también desea superarse.

No podemos seguir considerando que los políticos son de otro mundo y que no nos representan por que sí. El reto está en madurar nosotros para ser capaces de elegir otros representantes y de exigirles otro comportamiento, de lo contrario seguiremos compartiendo videos de “la papa, la papa, la papa” y no exigiendo la aprobación de la Ley de Probidad.

 

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