Colaboradores

19 Abr 2013
Colaboradores | Por: Andrea Arbizú

La pobreza no es un estilo de vida

El problema de la pobreza y el cómo superarlo cada vez se vuelve más complejo, pero también se vuelve más relevante  para una sociedad que hoy en día se está transformando en una masa más crítica y propositiva. Al final, es muy poco lo que entendemos del tema de pobreza que realmente existe en nuestro país, en nuestro continente y en el mundo entero. De esta manera asumimos que la condición de miseria es otro estilo de vida para más de mil millones de personas que viven con menos de un dólar por día, y se ve como una condición habitual que debe coexistir con nuestra realidad.  Hay muchos esfuerzos, de hecho ha habido una reducción considerable de extrema pobreza pero no podemos asumir que otros deben hacer el trabajo, y en todo caso ser simples espectadores de la situación. Esto no debe de ser así, me rehúso a creer que las oportunidades son para unos, y que la pobreza es cuestión de suerte y del destino.

Para estas vacaciones de Semana Santa, más de 160 jóvenes voluntarios participaron en un campamento de Techo El Salvador. Dejaron de lado la opción más fácil, tomar sus vacaciones, sus comodidades, sus familias y amigos para tomar la oportunidad de conocer la realidad de Chorro Abajo, municipio de Izalco, departamento de Sonsonate. Una tan sola comunidad logró cautivar a todos los voluntarios que lograron ver la realidad de un país donde el número de  personas en situación de pobreza va en aumento, y donde los actores y tomadores de decisión están en pugna por cualquier tema menos por el que debe de ser la raíz de las acciones para el futuro.

Una casa de cartón, plástico y madera, haber cursado hasta segundo o tercer grado, no tener conocimiento de la planificación familiar y no contar con los servicios de agua, luz y sanitarios, tener enfermedades críticas y no entender la gravedad de las mismas y pensar que con una acetaminofén estas aplacándola. Ser indígena y que tus ancestros no tuvieran la oportunidad de conservar sus raíces por temor al contexto de su época, no es un modo de vida justo. No es simplemente un estilo de vida adquirido por una familia de la zona rural de nuestro país, no es lo que quieren las familias de una comunidad o una forma de vivir como dicen algunos, no es una regla, no es solamente la falta de “ganas de trabajar”, y por tanto asumir que estas líneas anteriores si son un estilo de vida. Sería asumir entonces que son pobres porque quieren, y es dejar de lado las oportunidades de hacer la diferencia.

Entonces, la pobreza no es un estilo de vida pasajero para una persona, es una situación que crea obstáculos y cada vez más difíciles para que se puedan superar y si no estamos dispuestos a aportar, ¿cómo queremos que todo un país avance?

La lección no está solo en la teoría, sino también en la práctica. Cuando detienes la vida acelerada que hoy en día llevamos y te tomas el tiempo necesario para conocer y contextualizarte del por qué y el cómo, entonces puedes encontrar la manera de aportar y de no ser un simple espectador. El voluntariado si es un estilo de vida, que combate la desesperanza y la falta de solidaridad en un mundo donde hay muchos prójimos pero que se aman poco. El tema de la pobreza solo se tocó en nuestro país mientras debatían cifras, pero cuando ya no sale en los medios, ya nadie se acuerda y simplemente regresa la cotidianidad de ese injusto e indignante estilo de vida. 

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