Colaboradores

9 Feb 2014
Colaboradores | Por: Sandra Cárcamo

La libertad de ser individuos

Vivimos en una sociedad confundida por tanta contaminación de términos y cortinas de humo que impiden ver que muchas ideologías no son más que formas de alejarnos de nuestra libertad e individualidad.

A mis 16 años escuché decir en una clase, a mi profesor de filosofía, que el liberalismo significa en palabras simples “Estado y sociedad al servicio del individuo”. En aquel momento no logré entender la importancia y la correcta conjugación de palabras aplicada al término.

Pero, ¿por qué hablar de individuo se vuelve un eje principal para el liberalismo? Primero hay que definir el concepto. El término se deriva del latín, que hace referencia a lo que no puede ser dividido. Entonces, debemos entender al individuo como un ente independiente que tiene su función elemental dentro de la sociedad.

Los individuos somos diversos y tenemos en nuestras manos el poder de cambiar las cosas. Desde el momento en que concebimos la idea de ser individuo, y solo uno más de la sociedad, nos sentimos diferentes e importantes, porque nos da autonomía y el poder de decisión, lo cual se convierte en una motivación para que queramos hacer las cosas diferentes y superarnos.

Cuando nos venden la idea de sociedad, no individual. Cuando te venden la idea de que el individuo y el estado velan por la sociedad: ¡Te están masificando! Te vuelven alguien que no tiene razón de ser y que debe de adaptarse a lo que la sociedad quiere. Es decir, si ellos son pobres tú no puedes ser más, no puedes ser rico, porque entonces surge algo grave: la envidia y el odio. Porque las personas que se creen iguales no pueden concebir la idea de alguien sea diferente, porque los hace sentirse inferiores; y eso para alguien que no está acostumbrado a esa diferencia, le parece inaceptable.

En cambio, alguien que se siente diferente y acepta que todos son diferentes, es menos propenso a sentirse inferior, porque lucha por sentirse superior: lucha por cada día mejorar su ámbito y anhela su propia superación.

La clave en la libertad es percibirse a sí mismo como diferentes y amar esa diversidad. Cuando entendemos que somos diferentes procuramos ser mejores, eso nos lleva a realización de proyectos propios que benefician a muchos. No es lo mismo que trabaja r por un par de zapatos que es diferente al del otro, que es de mi color favorito, mi talla exacta y con rasgos que me identifican; a trabajar por zapatos que los demás tienen y que probablemente no me queden exactos.

Por eso la mejor forma de que una sociedad progrese es en el momento en que sus individuos comprenden que ellos son los responsables de los cambios, y se convierten en los protagonistas e impulsores de iniciativas. Cuando estos protagonistas explotan su creatividad e inteligencia para alcanzar sueños; solo así una sociedad progresa.

Ser diferentes, ver las cosas diferentes, no es retroceder a una población. Al contrario la engrandece, fomenta la ejecución de ideas. Ser diferente es una oferta y demanda, porque cuando hay recursos limitados pero necesidades ilimitadas, los que solventan esas necesidades son los diferentes: las mentes frescas, con ideas nuevas.

Benjamin Franklin decía “Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad”.  Es decir, no es digno de libertad quien no está dispuesto ver las cosas de otra forma, de arriesgarse, y que se acostumbra a una vida impuesta por otros. Somos merecedores de ella, los que decidimos a pesar del daño: perseverar, vivir y cambiar la realidad.

Ser libres es tener la responsabilidad de nuestras acciones. Sobre todo cuando optamos por vernos, a nosotros mismos, como individuos.

*Colaboradora de MedioLleno

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