Colaboradores

16 Feb 2013
Colaboradores | Por: Alberto del Cid

La inocencia, la ignorancia y las malas guías

La inocencia de los niños es algo que las personas mayores y algunos jóvenes quisiéramos tener nuevamente, ver el mundo de una manera más tranquila, sin problemas y sin malicias. Es en la etapa de la inocencia cuando uno puede ver realmente las soluciones de los problemas de una manera totalmente clara, sin malas intenciones y sin ser partidario de ningún lado más que en el correcto u obvio.

 
La ignorancia, por otro lado, es cuando pensamos que conocemos de algún tema, situación  o problema, pero no se toman en cuenta todos los factores o no se cuenta con el conocimiento adecuado, es ahí cuando nos vemos en la embarazosa situación de quedar literalmente como ignorantes y nos convertimos en un peligro para los demás, puesto que si se habla de un tema solo por hablar podemos engañar a las personas que desconocen del tema.

 
Los guías son las personas,  libros o herramientas en las cuales nos apoyamos  como referencia cuando la inocencia muere y la ignorancia se transforma en un conocimiento. Pero ¿qué sucede cuando nuestros guías no están enfocados en el problema sino más bien en demostrar algún tipo de ideología o tendencia?

 

Imaginemos que somos relativamente inocentes y un poco ignorantes (dicho de otra manera: no tan conocedores) y con muy pocas bases morales y sociales, poco conocimiento real del bien y del mal, sin dejar por un lado lo justo y lo injusto. En esos casos seriamos personas realmente de fácil dominio de pensamiento. Es ahí cuando los ignorantes (que aparecen como guías) son realmente  peligro, e influyen en nuestros pensamientos de la manera que ellos piensen que es la correcta.
 
Es por eso que la opinión del hombre pensante no es adquirible a través de discursos dirigidos a las masas, no es adquirible a través de la bandera de un partido político, no es adquirible a través de viejas canciones partidistas, que no son de nuestra época, sino más bien de las generaciones pasadas, que fueron cantadas por nuestros padres y hasta por más de algún abuelo.
 
Pero hay cosas buenas en ser un joven pensante de esta época, y es que tenemos una conciencia social mundial, en la cual podemos ver los problemas del mundo y aplicarlas a la de nuestros países y a nuestras realidades. Lo único en lo que tenemos que tener cuidado es en no  perder el enfoque de lo que sabemos y sentimos que es correcto, porque a más de algún estudiante recién salido del colegio, cuando llega a una universidad, es atrapado por viejos conceptos de un país de los 80, cuando no se dan cuenta que estamos en 2013 y el tiempo pasa y los países evolucionan, así como también nuestras vidas.

 

Los jóvenes salvadoreños, poco sufrimos realmente de la guerra, pero sufrimos diariamente por las consecuencias. Cada quién vive su realidad en cada sector social y es por esto que la verdadera inocencia que deberíamos de trabajar es la nuestra.

 
*Colaborador de MedioLleno 

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