Colaboradores

9 Abr 2017
Colaboradores | Por: Gabriela Sigüenza

La incertidumbre de ser salvadoreño

En nuestra sociedad tenemos que convivir con distintas circunstancias que nos afectan a todos. Mientras algunos tienen más suerte al estar rodeados de mejores oportunidades, otros no. Esos “otros” deberían formar parte del total, como una sociedad inclusiva que brinde las mejores oportunidades a cada uno de los ciudadanos, sin hacer distinción de clase social, género o edad.

Pero, ¿qué pasa cuando una buena de calidad de vida no se materializa? Muchos optan por salir del país, otros se resignan y viven con la inseguridad acechando a las afueras de sus viviendas y otros se meten a grupos ilícitos ¿será así como todos deben que vivir?

La respuesta es simple, no. El Estado debe garantizar desde las necesidades más básicas, hasta, por decirlo de alguna manera, las mayores. Sin embargo, El Salvador se ve afectado por las decisiones que toman sus gobernantes y por la poca participación de la sociedad en movimientos para exigir a los políticos las leyes que logren estabilizar el país.

Pero, esto no se logrará hasta que la mayoría de los salvadoreños sean conscientes que todos somos uno. Mientras que el país esté dividido en clases sociales tan marcadas no servirá, aunque se quisiera, las nuevas políticas públicas que queremos. Es chocante leer informes internacionales, como los que anualmente publica la PNUD, donde se menciona la decadente situación de miles de compatriotas.

Hay mucho por hacer, sin duda. Y aunque resulta un poco utópico pensar que la desigualdad, la inseguridad, la discriminación u otros problemas que tenemos, pueden ser completamente eliminados de la faz de la tierra, es mejor tratar de hacerlo con las acciones ciudadanas a darse por vencida de antemano. Es triste ver cómo nos hemos acostumbrado a las situaciones insalubres, peligrosas e inhumanas que viven miles de salvadoreños. Ellos que tienen los mismos derechos que cualquiera de tener una vivienda digna, una educación de calidad, salud, seguridad tanto física como emocional y cada uno de los derechos, aunque también cumpliendo con sus deberes.

El sistema social que se respira en El Salvador es insostenible. Se necesitan cambios de verdad, ideas y jóvenes que busquen el bienestar de todos. Probablemente, durante mucho tiempo se viva en una sociedad incierta, como en la mayoría del mundo, llena de miedos y con miles de problemas, pero con iniciativa y conocimiento de la historia nacional se podrá implementar nuevas medidas que sean inclusivas y den al país un nuevo rumbo esperanzador y prometedor para todos los salvadoreños.

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