Colaboradores

28 Jul 2018
Colaboradores | Por: Francisco Monzón

La esponjita de Centroamérica

Según los ancestros, hace mucho tiempo, El Salvador era un país de ensueño. Comandado por seres camuflados, sus niveles económicos eran inimaginables y su producción en granos sagrados (café) generó un auge en su industria. Un futuro próspero se vislumbraba para el país, las aves comenzaban a cantar melodías alegres. El brillo en sus ojos, el canto alegre de sus voces aún resuena en la parte feliz de mi memoria. Qué triste es enfrentar la realidad.

Ahora, en una crisis de identidad nacional, el país asume la pequeñez de sus tierras. De ser “El Japón de Centroamérica”, paso a ser el niño pequeño, la perfecta esponja en la cual se depositan todos los males. Hoy se nutren los Maquilishuats con sangre y armas, y el Torogoz propagara ideologías totalitarias extranjeras. Algunos dirán: ¡Todo es fruto de la guerra! O, simplemente una arraigada concupiscencia que ya solo sabe amar el mal.

Aquí varía el mal según el suceso y la capacidad de recepción del pueblo, se manejan los males al beneficio del mejor postor. El centro de distribución de males (Asamblea Legislativa) verifica con cautela la ganancia que generara para sí mismos un mal por aquí y un mal por alá, de índole nacional o importación cultural extranjera.

Aquí se pacta con los peores delincuentes y se roban las ofrendas para los muertos en tragedias, y otros ocultan una ambición tiránica bajo nuevas ideas. Elegir a tus empleados (diputados y alcaldes) significa esperar errores de empresas que tu dinero ha contratado y aceptar su palabra, sin rebelarse. Aunque, no los subestimen son listos, se mueven bajo las sombras de la luz pública, y si los dejas, te privatizan hasta la vida.

Y, como si no fuera suficiente, buscan el retrogrado y multimillonario negocio del Feticidio. Hacer que una madre mate a su hijo dentro de su vientre. Bajo escudos de libertinaje, los grupos que promueven el Feticidio (con un ingreso monetario millonario de organizaciones extranjeras), logran cada día mayor poder, bajo premisas anticientíficas, desinformación y sentimentalismo barato. Cabe añadir los intentos de Johnny Wright Sol y Lorena Peña por imponer a la población una absurda “Educación sexual”, cuya base es plenamente la Ideología de Genero (si, importación ideológica extranjera).

No olvidemos el apoyo que el pequeño El Salvador brinda a dictadores. La abstención de votos en la OEA del país ante la crisis en la Nicaragua con la dictadura de Ortega y la dictadura de la Revolución Bolivariana, de Chávez y Maduro. Esto, llegando al cinismo de alabar su sistema y buscar mimetizarlo en el país.

Esto, sin comentar el milagro que es seguir vivo en El Salvador, con sus corrupciones, robos de mandatarios presidenciales y los robos en las calles.

¿Qué camino le queda a El Salvador? ¿La pequeña esponja crecerá y se convertirá en el paraíso económico que prometía? O, sucumbirá ante la crisis de identidad que aún sufre.

Aún más importante ¿qué debe hacer el salvadoreño? Seguir con la ceguera del conformismo o disparar argumentos con base en la razón para crecer.

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