Colaboradores

3 Jul 2013
Colaboradores | Por: Carlos Calleja

La educación como arma de cambio

Mientras Nelson Mandela lucha por seguir con nosotros, es oportuno que reflexionemos sobre su legado. Mandela es un ejemplo a seguir, con su lucha incansable por la igualdad de oportunidades y justicia social. A lo largo de su vida nos ha demostrado que, no importando los sacrificios, siempre vale la pena luchar por nuestros sueños, contribuyendo siempre a la realización de una sociedad más justa en la que él ha defendido la igualdad de oportunidades y el progreso para todos.

“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”, dice Mandela. Igual que en Sudáfrica, en El Salvador vivimos en un país de gran división; existen algunos que tienen mucho, pero son muchos más los que tienen poco. Y el arma más poderosa que podemos darles a nuestros jóvenes más necesitados es la oportunidad de educarse para que a través de esto alcancen el progreso que tanto se merecen. Como país tenemos el mejor capital humano de toda la región. El salvadoreño es trabajador y emprendedor por naturaleza, simple y sencillamente necesita, como todos nosotros, la oportunidad de tener acceso a la educación para poder optar a desarrollar sus capacidades a plenitud.

Para que esto se dé, no podemos seguir perdiéndonos en pleitos ideológicos ni en visiones cortoplacistas. Si queremos desarrollar una política y un plan nacional de educación exitoso, que nos saque de la lamentable condición actual, necesitamos que tanto la clase política como el Gobierno rijan el rumbo del país con una visión a largo plazo, pensando no solamente en cómo harán las cosas en los cinco años que dure su gestión, sino en el beneficio realmente del pueblo, de aquellos que se verán más beneficiados con estos programas educacionales integrales, no solo para niños, sino también para jóvenes que necesitan formación técnico-vocacional.

Una democracia sin progreso, sin prosperidad, sin educación y sin oportunidades para todos es frágil; es por esto que nos tenemos que unir pensando en los intereses del país y cada uno poner lo mejor de sí para poder brindar el apoyo que nuestros hermanos más necesitados requieren, de manera que todos tengamos la oportunidad de acceder al progreso. Garantizar el derecho a la educación es responsabilidad del Estado, tal como lo establece nuestra Constitución, pero lastimosamente, por los altos niveles de pobreza que enfrentamos, bajo presupuesto y la falta de continuidad de las estrategias gubernamentales se ha dejado de hacer lo necesario.

Repito, todos debemos hacer nuestra parte, el Gobierno haciendo los sacrificios necesarios en la búsqueda de mayor eficiencia para poder ampliar el presupuesto de Educación, mejorar la gestión y capacidad educativa del sistema.

Como empresa privada debemos tomar conciencia de lo importante que es la inversión en lo social, la cual generará una relación ganar-ganar, formando fuerza laboral mejor capacitada para las empresas, traduciéndose a su vez en mayores beneficios para la institución.

Hay organizaciones sumamente responsables que desarrollan programas eficientes de responsabilidad compartida y dentro de estos han instituido becas continuas para niños y jóvenes, lo cual es un beneficio también para sus familias, a quienes les permiten tener la tranquilidad que de sus hijos contarán con una ventaja competitiva que tal vez ellos no tuvieron.

Cada individuo debe preguntarse hacia dónde queremos ir como país y tomar el problema como suyo, creando conciencia que si aspiramos a ser líderes de la región y un ejemplo para otros, debemos empezar en casa trabajando para sacar a millones de nuestros hermanos de la pobreza; y la única manera de lograrlo es invirtiendo más recursos en nuestra gente.

A quienes tienen la voluntad pero no los recursos para formarse les debemos de apoyar e incentivar para que desarrollen todo su potencial; esa es la deuda que enfrentamos, prepararnos como país para que no quede en manos de unos pocos el progreso de todos, pues es lo que hemos estado afrontando y realmente no ha funcionado. Al contrario, si nos preocupamos porque la educación llegue a la mayor cantidad de gente posible tendremos más fuerza como sociedad y como nación para convertirnos en una economía y un pueblo competitivo y progresista.

Si logramos esto, juntos habremos cumplido una de nuestras misiones como país, pues eso desencadenará prosperidad para muchos, dándonos cuenta de que lo que ha sido un sueño para Nelson Mandela se convertirá en una realidad para nosotros, quedando demostrado que su lucha siempre ha tenido un propósito justo. Demostremos que la educación es el arma más poderosa que puede generar un cambio en nuestro El Salvador, al verlo reflejado en una transformación total de las condiciones que enfrentamos actualmente, permitiéndonos con esto heredar a nuestros hijos un mejor futuro.

 

*Esta columna fue anteriormente publicada en La Prensa Gráfica.

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