Colaboradores

18 May 2014
Colaboradores | Por: Redacción

La creatividad solo surge en los tiempos de “crisis”

La creatividad y la inteligencia se desarrollan en la miseria y en la crisis, no en la opulencia.

Por: Jaime Ramírez Ortega
Correo: jaimeramirez_ortega@hotmail.com

Alejandro Graham Bell fue un genial científico escocés, nacido en Edimburgo y naturalizado norteamericano. Era hijo de un famoso profesor de dicción que inventó un sistema para la enseñanza de sordomudos, con el propósito de que Alejandro se viera beneficiado ya que era sordo. Pero está incapacidad no lo detuvo para buscar sus propios sueños y metas.

Fue así como Alejandro siguió su camino de investigación, el cual no fue fácil, debido a las precarias condiciones económicas en las que vivía. Cuando bien le iba, ingería alimentos dignos y en ocasiones le tocaba soportar la inanición. Fue en este camino de sufrimiento y de sacrificio que logró concluir con la creación del teléfono, un aparato que revolucionaría las comunicaciones en el mundo entero. Además, inventó otros instrumentos, aunque ninguno de la relevancia del teléfono.

A pesar de que esta historia es verdadera, hay muchos jóvenes salvadoreños que la ignoran, probablemente se deba a que se ha perdido la creatividad y la pasión por educar e instruir en las aulas. Son muy pocos los maestros que se esmeran por enseñar con amor y vocación a sus  alumnos. Tiempo en cual se entregan plenamente a la docencia y se olvidan del salario y de las prestaciones. De modo que solo se ubican en cultivar las letras en los terrenos más inhóspitos y escabrosos de las mentes y los corazones de miles de niños y niñas que carecen de una vivienda digna, que no poseen los servicios básicos y que posiblemente vienen de hogares desintegrados y de zonas marginales.

Creo que es muy importante que a los niños y niñas, preadolescentes y adolescentes, no solo hay que enseñarles a que desarrollen la inteligencia racional, sino también hay que instruirlos a que desarrollen todos sus potenciales en un ambiente controlado en el que se descubran aquellas habilidades ocultas que nunca salen a la luz, porque se ignoran o por temor al rechazo de los demás.

Se debe trabajar en la inteligencia emocional de cada niño y niña para que el día de mañana formemos buenos ciudadanos que amen a Dios, al prójimo y tengan amor por la vida como uno de los grandes atributos que Dios le otorga de manera gratuita a la raza humana.

Sobre la espalda de los maestros están esos millares de jóvenes que serán los futuros gobernantes, empresarios o ejecutivos exitosos que pondrán el nombre del país en alto. Da pena escuchar a algunos diputados que no saben hablar ni leer bien en público. Por esta razón es que se debe invertir en la juventud salvadoreña aumentando en un 6 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) el presupuesto para educación. Solo si se invierte en educación se podrá sacar a esta generación de jóvenes de la pasividad y violencia en la que se encuentran y que cada niño y niña no se sienta acomplejado porque les tocó nacer en una zona marginal con padres pobres, donde la primera clase que tienen es ver cómo asesinan a su vecino los pandilleros porque no se quiso unir a ese grupo delincuencial.

Joven, recuerda que tu pobreza es la condición que tú necesitas para poder triunfar, porque la creatividad y la inteligencia se desarrollan en la miseria y en la crisis, no en la opulencia. Si quieres llegar donde nunca has llegado tienes que hacer cosas que nunca has hecho. Un ejemplo de ello es Jesús, quien dijo “dejad que los niños vengan a mí porque de los tales es el reino de los cielos”.

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