Colaboradores

12 Ene 2013
Colaboradores | Por: Patricia González

La contaminación también es visual

Muchos de nosotros dedicamos, aproximadamente, el 10% de nuestro tiempo útil  en trasladarnos en vehículos de un lugar a otro. Podemos hacer la prueba fácilmente y observar que, sobre cualquier calle principal, en menos de un minuto visualizamos un promedio de 70 mensajes publicitarios. Esto significa que, al día, estamos observando más de seis mil mensajes mientras nos desplazamos a nuestras casas, trabajos, colegios, universidades, etc.

 

¿Es esto normal? ¿O debería ser algo más regulado? Al ver como las empresas incrementan la demanda por espacios, considero válido cuestionarse el porqué,  ¿Es realmente el mejor medio para comunicar?

Como en cualquier otra práctica, si  esto fuera moderado no tuviéramos ningún problema. Sin embargo ver calles saturadas en donde las señales de tránsito ya no son visibles, parecieran indicar que nos hemos excedido.

 

En un mundo ideal, los mensajes a los que estuviéramos expuestos cada día serían no solo moderados en cantidad; sino,  positivos, inspiradores y transparentes en contenido. En la realidad los mensajes nos incitan a comprar lo innecesario, a recordar marcas, a vender partidos políticos o simplemente a comunicar contenido irrelevante. Hemos abusado de elementos poco estéticos para nuestro medio ambiente tales como vallas, gigantografías, mupis, sin realmente tomar en cuenta la salud visual de todos los que estamos expuestos a ellas.

 

Para las empresas de productos y servicios, estos medios de comunicación se han vuelto imprescindibles mas no son los ideales. El costo percibido de una valla, por ejemplo, puede ser bajo al compararse con otro medio de comunicación; pero, cuenta con la desventaja de no poseer una forma tangible, ni real,  de medir el impacto que genera en el consumidor. Recordando que todo lo que no puede medirse no puede mejorarse u optimizarse, convierte a este medio de comunicación en uno secundario y altamente invasivo.

 

Teniendo presente esta situación del día a día, mi sugerencia va a los equipos de Marketing: la inversión en mercadeo debe estar orientada a generar experiencias en consumidores y no únicamente a establecer diálogos unilaterales, a no perder el objetivo de optimizar la relación entre presupuesto y reacción del consumidor, a preguntarse si realmente están construyendo marca y a comunicar de la forma más fácil posible. El desafío está en que las empresas encuentren los medios más efectivos que combinen alto impacto y el respeto a la privacidad y salud visual de los consumidores. La publicidad  no debería ser algo altamente costoso, pero sí de mucho ingenio y que busque formas no pre establecidas de transmitir mensajes claros y verdaderos.

 

Yendo un poco más allá, me surge una duda: ¿Debería estar regulada la comunicación en exteriores no solo por ubicación, sino incluso por tipo de mensaje a difundir? ¿Le generan algún valor agregado a las personas que circulan por esas zonas? O ¿Son simplemente una directriz rezagada de plan de medios a seguir? El reto para las entidades gubernamentales  respectivas, será determinar de forma transparente y ecuánime qué se va a transmitir y dónde, de crear normas en contra de este tipo de contaminación tomando en cuenta que elementos aislados pueden generar valor agregado, pero en conjunto intoxican.

 

*Colaboradora de MedioLleno 

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