Colaboradores

11 Mar 2017
Colaboradores | Por: Paula Magaña

Inclusión sin límites, es nuestro deber

En la actualidad, más de 1 mil millones de personas en el mundo, en su mayoría niños, viven con alguna forma de discapacidad física o intelectual. Estos niños suelen verse marginados a causa de ciertos prejuicios sociales y la limitada flexibilidad de los agentes sociales de atender sus necesidades especiales.

La discapacidad intelectual, que popularmente conocemos en nuestra sociedad como “retraso mental”, no impide que los niños y niñas puedan gozar de una vida plena; no obstante, la misma sociedad e, incluso, la familia muchas veces es un obstáculo, debido a la exclusión que muchos de ellos reciben. En este ámbito, muchas familias llegan a pensar que su hijo o hija no podrá lograr aprender debido a su discapacidad y, por tanto, no estimulan a sus hijos.

Sin embargo, lo que pocos saben es que hay escuelas especializadas que se dedican a ayudar a los niños con estas capacidades para que adquieran habilidades básicas para que cuiden de sí mismos y, al mismo tiempo, estimulan la socialización entre ellos y ponen a prueba sus habilidades cognitivas. Estas escuelas tienen como finalidad lograr una inclusión social, libre de obstáculos en el desarrollo de estos niños.

¿Incluimos o excluimos a las personas con alguna discapacidad? Para hablar de ellos, no es necesario agregar una etiqueta a una persona o niño que tiene necesidades especiales, ellos pueden aprender al igual que las otras personas a su alrededor, solo que de una manera más compleja y poniendo a prueba sus sentidos y asociaciones con su entorno. Todo esto se logra mediante una metodología por parte de la escuela, familia, y sociedad.

Compromiso,  amor, confianza y dedicación son bases claves para lograr un buen desarrollo y contrarrestar estas etiquetas mostrando a la sociedad que estos niños son capaces; que somos nosotros los que debemos aprender de ellos y darnos esa oportunidad de conocer ese mundo maravilloso. Dejar a un lado las limitaciones, donde la palabra “no puedo” simplemente no existe, un ejemplo claro de ello son aquellas personas que practican deportes y tienen una discapacidad física. Ellos logran colocarse al mismo nivel de una persona sin ninguna limitación física, demostrando que tienen la misma capacidad; así como, esas personas con discapacidad mental que logran hacer pinturas e incluso algunos procesos más complejos, que aquellas denominadas “completamente sanas”.

Mediante un enfoque basado en los derechos humanos, la UNESCO promueve las políticas, los programas y los métodos de la educación integradora. El único fin que se garantice la igualdad de oportunidades educativas a las personas con discapacidad.

Pero, ¿cómo lograr una inclusión social sin límites? Debemos olvidarnos de los diferentes  perjuicios limitantes hacia las personas y niños con discapacidad; así como, ser flexibles, y afectivos ante sus necesidades. Cuando empecemos a tratarnos a todos como iguales, vamos a lograr conocer un mundo nuevo, sin límites. Será este nuevo mundo el que nos llenará de satisfacción y de motivación en nuestra vida, recordando que todos somos seres humanos y  poseemos las mismas oportunidades. Como sociedad tenemos el deber de promover y ser parte de la inclusión.

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