Colaboradores

28 Dic 2012
Colaboradores | Por: Raúl Cornejo

Humanidad, ¿Dónde estás?

Se ha vuelto cotidiano recibir el constante bombardeo de los noticieros mostrando que a diario mueren miles de seres humanos, sea en nuestro país o en otras partes distantes.

O bien leer en los periódicos que asesinan por aquí o condenan por allá, que nadie se escapa del azote de la muerte.

Cuando alguien es asesinado la gente rodea el cadáver y lo que hace es tomar fotos. Los estadistas lo enumeran como una cifra más de la lista de homicidios diarios. No tiene otro valor más allá de eso.

Y las redes sociales, como buen representante del así llamado “boom tecnológico”, hacen su parte abriéndose a disposición para que miles usen las páginas comunitarias en Facebook o los DM en Twitter como medio para “confesar sus desgracias” recibiendo a cambio la burla mezquina de los demás en lugar de palabras de consuelo o palabras de aliento.

La humanidad ha endurecido su corazón, ha perdido la capacidad de sentir compasión, ya no hay solidaridad, un interés genuino de ayudar a los demás.

 

Necesitamos que una organización o alguna entidad aparezcan con la idea de ayudar y que nos bombardee y hostigue con su publicidad para que, a la fuerza, nos movamos a colaborar. Y lo más interesante es que dichas organizaciones tampoco tienen un interés genuino por ayudar. Todas lo hacen buscando ver quién logra acumular la mayor porción lucrativa posible, sea como parte de los donativos o exonerándose de pagar impuestos.

¿CÓMO NOS AFECTA A LOS SALVADOREÑOS?

El constante bombardeo de malas noticias ha cargado negativamente el entorno nacional. Nos despertamos atrapados en una tóxica rutina en la que solo nos preocupa el yo, yo, yo: Si llego tarde, me despiden; que si no salgo temprano me encontraré con el congestionamiento que los demás hacen, si ayudo a este joven a adaptarse a la empresa me quitará mi puesto; si no llevo el sustento diario mi mujer me dejará o engañará, etc, etc. Solo importa el yo, los demás son mis enemigos y por tanto debo desconfiar de ellos.

 

En El Salvador, la promoción de aparatos tecnológicos ha aislado a las personas del entorno social, viven desconectadas del medio social, tal vez como un escape a la negativa realidad o bien porque les es indiferente lo que ocurra a nuestro alrededor.

 

Las tragedias de los demás nos es ocasión de burla e insensibilidad, vemos a un hermano en desgracia y se nos olvida que ante todo es un ser humano como nosotros. Nos reímos de él, le tomamos video y foto y en lo que menos pensamos es en ayudar o secundar su denuncia. Todo es risa e indiferencia. Para nosotros nos es más fácil culpar a otros o pelearnos por tonterías que movernos a ayudar y unirnos. Todo por la famosa ley del “mínimo esfuerzo” agravada por el poco o nulo interés al prójimo.

 

LO QUE NOS ESPERA SI SEGUIMOS ASÍ.

Si no hacemos un esfuerzo por ser más compasivos, ser un país de amor en lugar de un país de odio entonces nuestra mala reputación como salvadoreños seguirá creciendo; la laguna social de las que padecemos generará una crisis aún mayor, seguiremos votando por gobiernos déspotas y corruptos, que usarán su látigo implacablemente. Seremos conocidos por ser personas sin amor y orgullo propios, insensibles. Y cuando el planeta decida cobrarnos la factura de todo el daño que le hemos infringido a la naturaleza y a nuestros propios congéneres, los salvadoreños seremos uno de los primeros perjudicados, todo por olvidarnos de la compasión, el respeto y la solidaridad.

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