Colaboradores

6 Sep 2013
Colaboradores | Por: Salvador Cuéllar

Hermoso sepulcro

Un día cualquiera, transitaba frente al Centro de Gobierno, pasando por Migración, por el Ministerio de Gobernación hasta llegar a las instalaciones de la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Rio Lempa (CEL). Justo en esa esquina, a la vista de cualquier transeúnte, CEL tiene un jardín adornado con una fuente, en el que además exhiben orgullosamente una pieza de turbina que seguramente usaron en alguna represa, en un primer momento, no advertí que en dicha exhibición había otros objetos bastante peculiares, fue a segunda vista que di con tan exóticos “adornos”.

Sí, ahí están, son 3 piedras de alrededor de 1 metro de altura, la más alta, con petrograbados prehispánicos, una de ellas ingenuamente repintada -nótese que dije ingenuamente para sustituir el oprobio que se merece la persona que tuvo tan desagradable idea, aun si fue por ignorancia, puesto que con ello deteriora tan valioso patrimonio, sin detenerse a pensar que por el simple hecho de poseer un relieve de naturaleza aborigen, ya es una belleza por sí mismo y, por ende, no necesita maquillaje.

Esta mente ancestral que tengo, se inclina a responder qué cultura realizó esas figuras. No soy arqueólogo, y no quiero pasar por sabiondo, sería atrevido de mi parte verter una opinión asegurando que pertenece a determinada cultura que habitó en cierta área de la tierra cuscatleca, por ello dejaré eso a los expertos.

Pero ahí están, calladas, olvidadas, testigos de centenas de años, observadoras del paso “evolutivo” cultural al que hemos llegado, guardando para sí las glorias e historias del gran imperio al que pertenecieron, del que ahora se sabe poco, se estudia poco y peor aún, de lo poco que se ha descubierto, se hace poco para preservarlo. Y es que en eso de la preservación tenemos serios problemas. Sin ir lejos, en julio de 2007 y enero del 2008, cuando se estaba construyendo el tramo II del Bulevar Diego de Holguín (ahora Monseñor Romero), se descubrieron vestigios arqueológicos. El mismo departamento de arqueología de CONCULTURA y el Ministerio de Obras Públicas (MOP) mantuvieron el hallazgo en total secreto, fue hasta que un periódico digital (El Faro) sacó a la luz lo que estaba sucediendo, advirtiendo que los lugareños vendían las piezas libremente, y que gran parte de los vestigios (ollas, figuras antropomorfas, vasijas, collares y hasta osamentas) estaban en proceso de destrucción; pero eso no importó. Para remediar el irreparable daño, se construyó un hermoso “sepulcro”, sí, una carretera de millones de dólares para enterrar las huellas de esa civilización y así “honrar” a los ancestros.

En otro caso reciente, el pasado junio salió la noticia en distintos medios, que al sur del Parque Libertad, San Salvador, en el lugar donde se construye el Mercado Libertad, han encontrado un ceremonial prehispánico, pero a pesar de ello, la construcción de la referida obra no se detendrá. Esto pasa aun con la venia de las autoridades, dando a conocer la falta de interés en el tema.

Eso por mencionar apenas dos casos publicados, sin contar los que pasan desapercibidos, por ejemplo, Igualtepeque, a orillas del Lago de Güija, lugar que ha sido durante años, víctima de constantes saqueos. Por fortuna, muchas de las piedras con petrograbados que quedan en el lugar pesan demasiado, por lo que es difícil cargarlas hasta un vehículo, situación que desanima a cualquier “intrépido” que desee un suvenir tan especial.

Y es que el desarrollo de nuestras ciudades y la ambición están por encima de cualquier mítica civilización.

En fin, estas 3 piedras en el pequeño jardín de CEL, misteriosas, indolentes, posando para todos y a la vez para nadie, deben sentirse agradecidas con la mano salvadora que las libró de un fatídico final, corrieron con suerte, no acabaron sepultadas bajo el parqueo de un centro comercial (o en algún otro tipo de hermoso sepulcro) o en el peor de los casos, trituradas por algún tractor que sin miramientos, pasó por ahí finamente anunciando el progreso.

*Colaborador de MedioLleno

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