Colaboradores

4 Sep 2014
Colaboradores | Por: Joshua Alfaro

Hay que imitar los buenos ejemplos

La economía de El Salvador se encuentra estancada, con deuda y déficits alarmantes y el gobierno de Sánchez Cerén sigue aumentando los impuestos.   

Estonia es un país pequeño del norte de Europa de no más de millón y medio de habitantes que se independizó del yugo soviético en 1990. Casi por esa misma fecha, El Salvador venía saliendo de un conflicto armado de más de una década que había deprimido la economía. Ambos países tuvieron que afrontar enormes cambios para salir de las crisis. Sin embargo, en algún punto El Salvador perdió el buen rumbo que había comenzado después de la guerra y, en tanto, el pequeño país europeo siguió a paso lento pero firme su nuevo modelo económico de libre mercado.

Desde su independencia, Estonia ha liderado el desarrollo socioeconómico de la zona báltica, con crecimientos superiores a la media de la Unión Europea, bajando el índice de pobreza hasta el 17 por ciento (que en El Salvador es del 45.3 por ciento). Pero ¿cómo se pasa de un país socialista en la ruina a la prosperidad en tan solo dos décadas? ¿Por qué el modelo de libre mercado no ha reflejado un sólido crecimiento económico en El Salvador? Aunque son muchos los factores, para la primera pregunta la respuesta se puede resumir en dos palabras: rigor presupuestario. Para la segunda hay tres: excesivo gasto público.

Estonia tiene un sistema tributario fijo llamado flat tax o impuesto de tasa única, implementado desde la llegada del primer ministro Mart Laar en 1992. Los buenos resultados fueron casi inmediatos y continúan hasta la fecha. El crecimiento es continuo y la inflación baja. Es así como el ejemplo de Estonia fue rápidamente seguido por sus vecinos Lituania y Letonia.

Según datos del Banco Mundial, Estonia se sitúa en el puesto 13 en libertad económica (El Salvador en el puesto 59) y es el país número 21 donde más fácil es hacer negocios (El Salvador el 115). Pero fue en el año 2008 cuando se evidenciaron las diferencias en las decisiones que tomaron los gobiernos de ambos países. Durante ese año explotó la crisis financiera mundial cuyos efectos sufrió El Salvador. Para amortiguar los altos precios de los combustibles, las energías y alimentos, el gobierno de Saca aumentó los préstamos para subsidios y subvenciones estatales con el fin de paliar el impacto de la crisis. Luego, en el gobierno de Funes esta política de endeudamiento se exacerbó.

Por otra parte, Estonia en lugar de aumentar los préstamos se apretó el cinturón durante la crisis y redujo el gasto público en un 10 por ciento, al igual que la burocracia y facilitó los trámites administrativos. ¿Resultados? Pese a que su economía retrocedió un 14 por ciento en 2009, en los años posteriores creció de manera sostenida al 3.4, 8.6 y 2.6 por ciento respectivamente. ¿Qué sucedió en El Salvador? En el año 2009, aunque la economía retrocedió solo 3.1 por ciento gracias a las medidas paliativas del Estado, el costo fue muy grande, pues a partir del 2011 el crecimiento fue solamente del 2 por ciento, en 2012 fue del 1.6 y en 2013 tan solo 1.9 por ciento.

Actualmente la economía de El Salvador se encuentra estancada y con cifras de deuda y déficits alarmantes. El gobierno de Sánchez Cerén sigue aumentando los impuestos golpeando aún más a los sectores productivos, subiendo el gasto público y los diputados despilfarrando el dinero de los contribuyentes en viajes y lujos. Es cuestión de voluntad política: si uno está endeudado lo más tonto que puede hacer es seguir pidiendo más préstamos, pero es lo que el Estado hace simplemente porque es el camino fácil. Sin duda deberíamos aprender el ejemplo de los pequeños países bálticos.

 

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