Colaboradores

9 Nov 2012
Colaboradores | Por: Jonathan López

¿Hacia dónde vamos?

Hace algunas semanas leía un artículo de un importante y reconocido experto en las ciencias políticas: Giovanni Sartori. Dicho escrito fue publicado hace ocho años aproximadamente y considero que aún continúa teniendo validez. Dentro de esta controversial publicación el planteaba su postura que la política que hoy tenemos no se dirige a ningún lado, se ha quedado estancada y allí seguirá. En esta ocasión deseo quedarme con su postura, pero me permito modificarla un poco y cambiarle ciertas palabras.

Bien sabido es de todos que nuestro país tiene un desfase en la mayoría de situaciones que son beneficiosas para la sociedad en general; atribúyasele ya sea a la guerra civil o a períodos de gobiernos. No importa. Lo que sí es relevante es que nos encontramos sumergidos en un “barro pegajoso con un toque de arenas movedizas” que nos impide dar pasos. Me atrevo a afirmar que esa viscosidad tiene tanto tiempo de estar allí que ya comienza a solidificarse, lo que conlleva a considerar que no será tarea fácil escapar de ella. Hasta este momento no he hecho más que traer a colación lo evidente; sin embargo, esta columna no está hecha solo para contemplar el pasado sino para analizarlo junto con el futuro inmediato y a largo plazo.

Me llama la atención que la gran mayoría de salvadoreños somos conscientes de nuestra situación y no tomamos parte en el asunto. Se confirma a los candidatos presidenciales por los dos partidos políticos mayoritarios y los aceptamos como cuando un niño recibe un chocolate: con una sonrisa de oreja a oreja. Perdonen mi atrevimiento pero estoy más que seguro que de lejos esos dos personajes no eran las personas más idóneas para tratar de ocupar ese cargo tan importante. Por un lado, uno que solo le importa su imagen y cualquier cosa que realiza es imperativo que su nombre aparezca en una placa y en los principales medios de comunicación. Todos concordamos, también, en que actúa sin meditar profundamente y aunque las cosas que hace en general están bien, existen factores que se le escapan de las manos.

Por otro lado, tenemos a una persona que, sin ofender, no tiene los conocimientos suficientes para dirigir algo tan extenso y complejo como una nación. Posiblemente conozca en la práctica el deformado concepto de política que existe en El Salvador pero puede más en él el peso de una ideología desfasada donde el conflicto predomina a la razón. Antes de cualquier crítica, deseo aclarar que sí tengo mi afinidad hacia un lado político; sin embargo, no me identifico con ninguno de los partidos que hoy en día ostentamos. Retomando la línea, pienso que la frase “los países tienen a los dirigentes que se merecen” está absorbiéndonos cada vez más. Si se aplica un método deductivo, observaremos que nuestro estancamiento como país se refleja en la política, en lo social, en la economía y hasta en lo moral.

Le doy toda la razón a Sartori cuando decía que la política no va hacia ningún lado y afirmo que como país tampoco nos estamos movilizando; peor aún, no hacemos algo para despegarnos de ese barro, sino que ya lo aceptamos como algo inevitable y que debe estar allí. ¿Hacia dónde vamos? Desde una perspectiva en general, a ningún lado, nos esperan años nada agradables con alguno de esos candidatos y futuro presidente. No obstante, por el bien de todos espero equivocarme y que algún milagro divino intervenga y cambie sus mentalidades. El ilustre politólogo del cual ha surgido esta columna concluye que para empezar a ver cambios necesitamos sentarnos a pensar, pero sobre todo a usar la lógica cuando pensamos. Cosa difícil será si nos mantenemos de mentes cerradas y no cedemos un poco a nuestra comodidad. No nos olvidemos que pensar con lógica en ocasiones no genera los resultados que deseáramos, pero nos da la seguridad que todo tiene un por qué y para qué.

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