Colaboradores

19 Abr 2015
Colaboradores | Por: Edgar Orellana

Hablemos seriamente sobre el voto electrónico

El Salvador ha sido sufrido un retroceso en su credibilidad democrática debido a la ineptitud manifiesta del Tribunal Supremo Electoral (TSE), especialmente por el triste papel del presidente Julio Olivo, quien es un abogado de escritorio, con limitada experiencia práctica profesional y un analfabeta informático. Es necesario que entendamos que el proceso electoral es materia informática en su mayoría y un pequeño componente jurídico, pues la voluntad del pueblo debe ser consultada con un proceso claro y expedito que no debe dar lugar a interpretaciones, sino a seguir claramente la preferencia manifestada.

De allí que los abogados salen sobrando en este proceso. Y la parte jurisdiccional podría resolver controversias sobre todo antes del proceso fundamental, durante las campañas y la inscripción de candidaturas para ver si cumplen los requisitos o si no se respetan las leyes. Estas podrían ser resueltas sin problema por las mismas personas informáticas con capacidad de razonamiento, pues basta aplicar la norma y resolver de acuerdo a ella, pero no complicar innecesariamente las cosas, como ocurre al incorporar abogados. Solamente el representante de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) tiene como requisito ser abogado y este puede ilustrar a los demás.

Pero de qué hablamos al mencionar la informática. Se trata del procesamiento automático de datos mediante dispositivos electrónicos y sistemas computacionales. Los sistemas informáticos deben contar con la capacidad de cumplir tres tareas básicas: Entrada (captación de los datos), procesamiento y salida (transmisión de los resultados o información). Se puede entender por informática a la unión sinérgica de todo un amplio conjunto de disciplinas; de allí que aplicar leyes y normas es cosa usual para el informático, ya que todos los procesos deben cumplir un sinnúmero de condiciones o leyes.

Por ello, un profesional informático tiene mayor y mejor capacidad para tomar decisiones,  para garantizar el éxito de un proceso electoral.

La historia del voto electrónico comienza con la creación de los sistemas de tarjetas perforadas, que fueron puestos en práctica por primera vez en Oregón, Estados Unidos, en los años 70. En los años 80 se automatiza la base de datos de censos (el padrón) y se empieza a dejar constancia digital del conteo de votos. Actualmente es Estados unidos el líder mundial en voto electrónico. A partir de ese momento muchos países empiezan a implementar el sistema electrónico para sus elecciones.  En Latinoamérica las primeras experiencias se llevaron a cabo en la década de los 90.  Brasil, Venezuela, Argentina, México, Costa Rica y Perú, son los más avanzados, aun cuando otros países como Paraguay (2001) y Panamá (en referéndum) están haciendo experimentos.

En El Salvador, dentro de la Asamblea Legislativa, las votaciones son mediante voto electrónico desde hace unos años; entonces por qué le temen a un voto electrónico. Algunas razones son: partidos retrógradas sienten que tienen más posibilidades al tratar de anular o impugnar los votos del contendiente, creen que pueden pelear en la mesa lo que no ganaron en las urnas. Se aprovechan de los vacíos de ley para llenar de votos de personas que no viven en el municipio. Ese filtro es muy fácil de colocar en una votación electrónica, pues no se aceptarían documentos para votar, que no cumplan con las condiciones programadas.

En las democracias modernas el voto electrónico es algo usual y necesario. Claramente, puede ser tan seguro o incluso más seguro que el voto tradicional en papel siempre y cuando se implanten las medidas de seguridad adecuadas. Por eso es necesario que sea un ingeniero en sistemas el presidente del TSE y se recomienda que los demás miembros para que no exista ignorancia en el tema.

Los sistemas de voto electrónico pueden ofrecer soluciones que permiten a los votantes verificar si sus votos han sido registrados y contados con cálculos matemáticos. Estos sistemas pueden aliviar preocupaciones respecto de votos registrados incorrectamente. Una forma de mitigar esas preocupaciones podría ser permitir a los votantes verificar cómo han votado, con algún tipo de recibo electrónico, firmado por la autoridad electoral mediante una firma digital.

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