Colaboradores

24 Nov 2018
Colaboradores | Por: William Rebollo

Feminicidios en El Salvador, un reflejo de una sociedad violenta

En los últimos meses, hemos conocido a través de los medios de comunicación impactantes casos de violencia materializados en feminicidios. Karla Turcios, Carla Ayala, Katherine Cárcamo, Rosa María Bonilla, Graciela Ramírez y Jocelyn Abarca son algunos nombres de mujeres salvadoreñas que hemos conocido por sus trágicas historias. Sin embargo, ellas son solo el rostro visible de cientos de mujeres que mueren en el anonimato anualmente en nuestro país.

De acuerdo con la ONU, El Salvador tiene una de las tasas más altas del mundo de muertes violentas de mujeres. Según los datos de la PNC, la tasa es de 13,49 por cada cien mil mujeres. A ello se suman datos interesantes que revela la recientemente presentada Encuesta Nacional de Violencia Contra la Mujer 2017, desarrollada por la DIGESTYC, y según la cual, 67 de cada 100 mujeres reportaron haber sido agredidas alguna vez durante su vida.

El estudio presenta, además, datos respecto a los diferentes tipos de violencia, y para el caso de la violencia psicológica revela que 5 de cada 10 mujeres la ha tenido en algún momento a lo largo de su vida; respecto a la violencia física, expresa que el 1 de cada 4 mujeres, y en relación a la violencia sexual, 4 de cada 10 mujeres. Un dato también alarmante es, que del total de mujeres que manifestaron haber sido agredidas a lo largo de su vida sólo 6 de cada 100 interpusieron una denuncia o acudió a una institución en búsqueda de apoyo.

Si bien estos datos son preocupantes, no son distantes de la realidad que vivimos en uno de los países más violentos del mundo. Los datos de homicidios del país revelan que, durante varios años El Salvador se ha mantenido muy por encima del promedio mundial, que de acuerdo al Banco Mundial es de 5.3 homicidios por cada 100,000 habitantes. Para el año más reciente, 2017, fue de 64 por cada 100,000 habitantes.

No cabe duda de que vivimos en una sociedad deteriorada, en la cual se ha normalizado la violencia, y ante ello, muchas veces reprochamos la incapacidad del Estado para solventar esta cruel realidad, pero nos olvidamos que todos somos parte de esta sociedad y que, si bien se requiere una acción efectiva del Estado en prevención, represión y reinserción, también los ciudadanos somos responsables de esta situación.

Solo en la medida en que comprendamos que para combatir la violencia y generar un cambio en nuestra cultura se requiere también un rol activo de nuestra parte, en esa misma medida iremos generando un cambio real, y contribuiremos asimismo a reducir la violencia social y la violencia en una de sus expresiones más terribles como es el feminicidio, para no seguir perdiendo mujeres y hombres valiosos para nuestra patria y para nuestras familias. Y es por ello, que ahora más que nunca estamos llamados a promover y vivir los valores y una cultura de paz en nuestros centros de estudio, en el trabajo, en nuestros hogares y en nuestra familia.

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