Colaboradores

31 Oct 2014
Colaboradores | Por: Jaime Ramírez

Estamos en estado de “epidemia”

Es importante que nos preguntemos por qué solo en nuestro país hay un brote mayor de esta enfermedad que en todo Latinoamérica.

Cuando la doctora Violeta Menjívar gobernaba la comuna capitalina utilizó fondos para promover su figura con campañas en televisión, vallas publicitarias y tarjetas de felicitación, entre otros. Se despidió de su gestión sin obedecer el mandato de transparencia de explicar sobre las erogaciones, y a pesar de las constantes solicitudes se abstuvo de brindar información sobre el gasto en publicidad.

Ahora, la doctora Menjívar ya no funge como alcaldesa, sino como ministra de Salud y vemos que los mismos vicios del pasado persiguen su gestión en esta cartera, ya que El Salvador atraviesa por una de las epidemias sanitarias de mayor contagio con 32 mil casos sospechosos de Chikungunya y 45 mil incapacidades por dengue, ambas enfermedades causadas por el mosquito Aedes aegypti

Es importante que nos preguntemos por qué solo en nuestro país hay un brote mayor de esta enfermedad que en todo Latinoamérica. Guatemala cuenta con 4 mil 600 casos de sospecha, en Nicaragua 31 casos, Panamá y Costa Rica no tienen ningún caso. De modo que el Ministerio de Salud no le ha puesto la debida atención al tema como tampoco está siguiendo el protocolo de salud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), de prevención, erradicación, y difusión de la enfermedad. Al contrario, la ministra Menjívar, se está sustrayendo de la realidad que vive a diario cada familia salvadoreña afectada por la enfermedad.

No está focalizando los recursos que conlleven a la prevención y erradicación de la Chikungunya. Al contrario, está destinando recursos para mandar a médicos salvadoreños a resolver un problema de salud a África Occidental para contrarrestar la epidemia del Ébola. En principio nuestro país es solidario con África, pero no se debe confundir la solidaridad con heroísmo, ya que se puede ser solidario sin necesidad de enviar médicos a África y volcar el recurso disponible para contrarrestar la Chikungunya acá.

Además, ¿en qué le podemos ayudar a África, más que de estorbo, si ya hay una serie de países que están trabajando ese sector con miles de voluntarios que cuentan con las herramientas y recursos adecuados para aplicar los protocolos de salud que impone la OMS, de prevención y erradicación?  Ahora bien, si lo que deseamos como país es ayudar, entonces ayudemos primero a los locales, para luego ir ayudar a otros. Señora ministra, la invito a que llegue a los lugares más vulnerables de nuestra patria que tienen el mayor número de casos de Chikungunya,  Como en Antiguo Cuscatlán, Quezaltepeque, Zaragoza, Apopa, Ayutuxtepeque, Ciudad Delgado, Mejicanos, San Marcos, San Ildefonso, Jiquilisco, Mercedes Umaña y Tecapán. Es aquí donde está la necesidad de prevenir y educar al pueblo.

De manera que se requieren estrategias y creatividad para buscar soluciones concretas que coadyuven a la disminución de la epidemia Chikungunya. Lo bueno se debe imitar. Por ejemplo, Brasil acaba de autorizar el uso del zancudo genéticamente modificado con el propósito de dar un paso crucial en el combate contra esta especie, principal transmisor de las enfermedades en mención. Entonces, ministra, preocúpese por administrar sabiamente los recursos de salud y mande una comitiva a Brasil, para que pueda sumergirse en el procedimiento de inoculación de los zancudos, para ver si aplicamos esta tecnología en El Salvador, en lugar de mandar a voluntarios a África.

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