Colaboradores

28 Ene 2017
Colaboradores | Por: Stanley Arévalo

Es mi El Salvador y tuyo también

Una de las imágenes más duras que nos dejó el pasado año 2016 ocurrió cuando se llevaba a cabo una fiesta infantil en nuestra capital San Salvador, donde un hombre de 24 años de edad le arrebataron la vida quedando su cuerpo a escasos metros de la celebración. La imagen, gracias a un medio muy conocido en el país, circuló las redes sociales dejando muchas emociones, sobre todo, indignación y tristeza.

Si fuéramos guionistas de cine observaríamos una gran oportunidad para hacer una película o crear una gran novela, porque la imagen parece sacada de una película de terror o de una serie con trama policiaco-criminal. En ella, los argumentos filosóficos se ponen a la orden del día, teniendo a la felicidad e inocencia subiendo unas gradas, pero desolación y tristeza al bajarlas, donde tu vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, basta con crecer y pasar de la niñez a la adultez.

Y duele mucho en mi corazón escribir estas líneas, porque es la realidad del país que tanto amo, El Salvador. Quisiera relatar que después de un año la situación ha mejorado, quisiera decir que los asesinatos se han detenido y que las fiestas de niños se pueden hacer sin estar preocupados por terminarla temprano para que los padres lleguen antes que anochezca a sus casas.

Hasta cierto punto, se desea que la imagen fuera una escena de película, estas siempre terminan con un final feliz. En la vida real no tenemos a un superhéroe que salve el día, a pesar de esto los salvadoreños encontramos la felicidad y las ganas de salir adelante. Ante esto, algunos adultos diremos “no queda de otra”. El payaso habrá pensado “no queda de otra, el show debe continuar” y el esfuerzo que tuvo que hacer para que los niños no perdieran la concentración de las sonrisas, para que ellos no perdieran una pequeña porción de su inocencia. A esa edad cada imagen queda grabada en el cerebro y que feo recuerdo de su infancia tendrían estos niños cuando crecieran.

Han pasado 7 meses desde aquel triste hecho y un nuevo año ha iniciado, la situación no ha cambiado mucho con respecto al dolor de pérdida de vidas humanas y al miedo que existe en la población de salir por la noche. No obstante, las autoridades de seguridad, afirman que el número ha cambiado.

Hace 7 meses, el promedio de asesinatos rondaba los 19 diarios; en lo que llevamos del año 2017, el promedio está a nueve asesinatos por día. Además, una pequeña luz de esperanza se vivió el pasado miércoles 11 de enero, día en el que no se registró homicidio alguno en el país. En este inmenso océano nocturno, donde parece que vamos cada vez más hacia la oscuridad, aquello en muchos medios, incluso internacionales, se denominó como “milagro”.

Creo que esto es suficiente para seguir creyendo que El Salvador puede cambiar, dejemos de confiar en políticos, instituciones o personas de poder que serán ellos que cambien el país con alguna idea que sea revolucionaria; este es El Salvador, es mi El Salvador y tuyo también, hay que poner nuestro granito de arena que aunque la esperanza sea mínima, pero aún queda y mientras exista no nos podemos dar por vencidos nunca.

Tu pensaras ¿cómo lo hacemos?, de entrada te diré que no se necesita un micrófono para hacerlo, se necesita una actitud diaria, no darse por vencido día con día y seguir siendo un buen hombre de familia, no descuidar a los hijos, porque las generaciones pasan y el peor enemigo del ser humano es el tiempo.

De igual forma, todos debemos ser excelentes ciudadanos cuando salgamos a las calles por las mañanas, aunque cueste y los cambios no se vean rápidamente, pero juntos podemos cambiar la realidad de nuestro pulgarcito de América. Ayudemos a que esa pequeña luz de esperanza crezca, dejemos de quejarnos por lo que no hacen nuestros gobernantes. Empecemos nosotros, demos el ejemplo. Entonces, veremos cómo cambia nuestro país si todos ponemos de nuestra parte.

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