Colaboradores

13 Sep 2015
Colaboradores | Por: Luis Ricardo Paredes

Enfermedades de la patria: corrupción e impunidad en la sociedad salvadoreña

Nuestro deber es, en este momento, trabajar todos por una patria cada día más transparente, más inclusiva; un lugar apto para que las futuras generaciones se desarrollen más fácilmente,

Cuando una enfermedad pasa mucho tiempo en nuestro cuerpo nos causa grandes daños físicamente y mentalmente, pudiendo inclusive ocasionar la muerte. Así de delicado es el tema de la corrupción, que por el momento no ha matado a nuestra sociedad, pero sí la ha deteriorado bastante y puede llegar a destruirla.

Guatemala ha dado una enorme lección a todos los países que actualmente sufren el nefasto problema de la corrupción. El paro nacional del 27 de agosto del 2015 le dio una enseñanza a toda la región latinoamericana y al mundo entero. En el área centroamericana somos bastantes ciudadanos los que hemos decidido alzar la voz y decir “BASTA YA”. Partiendo desde las naciones latinoamericanas más transparentes, que son Uruguay y Chile, pasando por los costarricenses — siendo los terceros a nivel latinoamericano y el primer lugar en Centroamérica­—, recientemente han sido los guatemaltecos.

Miles y miles de ciudadanos se reunieron enfrente del Palacio Nacional para mostrar su rechazo a los actos deshonestos y anti éticos de los funcionarios y exfuncionarios públicos. Con carteles, megáfonos, gritos, canticos del himno, consignas en contra de la corrupción, estudiantes, trabajadores del sector público y privado, abogados, médicos, maestros, albañiles, jugadores estrella de la selección de fútbol, absolutamente todos se unieron para pedir la absolución de la inmunidad de “El señor presidente”, como diría Miguel Ángel Asturias, para que sea llevado ante la justicia por sus acusaciones. La decisión que tomó la comisión del Congreso Nacional de Guatemala sorprendió a mucha gente, para muchísimas personas fue la decisión correcta, para mí también lo fue.

En El Salvador nos hace falta lo que el pueblo guatemalteco demostró tener en gran medida: unidad por un mismo fin, unidad por un mejor El Salvador. Nuestro deber es, en este momento, trabajar todos por una patria cada día más transparente, más inclusiva; un lugar apto para que las futuras generaciones se desarrollen más fácilmente, conviviendo en paz en un Estado completamente funcional, no uno quebrantado y lleno de manchas y sombras, como el que actualmente existe.

Debemos dejar completamente a un lado el tema de la bipartidización en nuestro país. Es importante para nosotros entender que como sociedad ya no nos conviene que la clase política “de derecha” y “de izquierda” estén discutiendo en la Asamblea Legislativa por cada decisión que se tomará, ya sea para implementar nuevas leyes, presupuestos para las instituciones públicas, entre otras. Asimismo, los seguidores, que dejaron de ser simples seguidores y se convirtieron en fanáticos partidistas, y que su mismo fanatismo hace que cuando se difiera en su ideología y pensamiento, defienden sus colores y personalidades públicas a capa y espada, sin importar lo que hicieron (o lo que no hicieron), y lo que han hecho (o no han hecho).

Es inconcebible que los salvadoreños no podamos ponernos de acuerdo, viviendo en una constante pelea por el pensamiento político, más en estos tiempos, donde la situación del país es cercana a la de ser un Estado fallido, una sociedad sumergida en la violación a los derechos humanos y a los incumplimientos de los mismos.

No me queda nada más que agregar que las palabras de un muy reconocido escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano, quien dijo: “La impunidad premia el delito, induce a su repetición y le hace propaganda: estimula al delincuente y contagia su ejemplo. Y cuando el delincuente es el Estado, que roba, tortura y mata sin rendir cuentas a nadie, se está emitiendo desde arriba una luz verde que autoriza a la sociedad entera a robar, torturar y matar. El mismo orden que por abajo usa, para asustar, el espantapájaros del castigo, por arriba alza la impunidad, como trofeo, para recompensar el crimen”.

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