Colaboradores

9 Abr 2017
Colaboradores | Por: Juan Carlos Zamora

¿En realidad tenemos Dios Unión y Libertad?

A Todos nos gusta la bandera salvadoreña, todos estamos familiarizados con su inscripción hasta cierto punto utópica que lee “Dios, Unión, Libertad”, pero ¿de verdad vivimos según la bandera? La realidad de cómo no respetamos, ni siquiera sus colores es alarmante.

Partamos del punto de que “Dios es amor”, y quedémonos en el amor, ¿por qué he decido quitar a Dios de la ecuación? Porque lastimosamente a veces, Dios es un concepto adecuado a la religión de nuestra predilección y muchos ya ni creen en la religión, o pero aún, en Dios. Es más, hoy en día, con tantas creencias distintas se considera hasta falta de respeto profesar la fe en público, ya que resulta una falta de respeto a las creencias de los demás.

No vivimos con amor, vemos en logos, en anuncios y demás frases como “amo a mi país”, pero esto no es cierto. No tratamos con amor a la gente de nuestro país, pues pensamos que todo lo que viene de él es mediocre; si vemos a alguien en problemas en lugar de ayudar, tomamos fotos y lo subimos a las redes sociales; y si intentamos ayudar, la víctima teme que se le ataque, simplemente porque no estamos acostumbrados a algo así. E inclusive, en algo tan simple como manejar se percibe la desesperación de nuestro país.

El amor se percibe en acciones y en el trato a los demás, podríamos ir al colegio más caro, pero eso no nos serviría si en casa no se nos enseña a vivir con amor. Si en casa se nos está enseñando a no ser tolerantes es porque vivimos en la selva con depredadores despiadados, tanto en el gobierno como en las calles y empresas. Entonces, nuestras familias solo procuran nuestra supervivencia.

Ahora, pensemos si vivimos en “unión”. No pretendo que nos agarremos de las manos y cantemos, pero sí que seamos compatriotas y no usemos cada excusa posible para alejarnos, y atacarnos como hermanos salvadoreños.  La más grande división que tenemos es nuestra ideología política, ver como no pensamos en el futuro del país, sino que nos aferramos a nuestro partido ciegamente y votamos por ellos sin importar qué.

Todos sabemos que el 15 de septiembre es la fiesta del país, cuando la verdad es que debería de ser el día de elecciones, ya que ese día decidimos el futuro del país por los próximos años. Esta decisión la tomamos divididos, deberíamos unirnos ese día y en lugar de camisas tricolores, rojas o anaranjadas deberíamos usar la camisa de El Salvador, nuestra bandera. Somos irresponsables y en el único día que podemos hacernos escuchar nos callamos, nos aferramos al pasado y votamos mal. Esto le estamos enseñando a las nuevas generaciones.

La estrategia militar por excelencia es dividir a un país y conquistarlo, y es lo que se le ha hecho a El Salvador, pero por los mismos salvadoreños. El único interés que reina es el propio, este nos ha divido al punto de tener más de dos millones de hermanos en otro país. Auque, no deberíamos de esperar a estar lejos de casa para sentir el orgullo de ser salvadoreño, el momento es ahora. Nos toca a los jóvenes borrar las heridas del pasado y construir un nuevo país para las generaciones por venir y no privarlos de la libertad de la que estamos ya privados nosotros.

Nos hemos privado de “Libertad”. No somos libres de expresarnos abiertamente en ninguna preferencia, ni política, ni religiosa o cualquier otra. He escuchado decir que ya no hay represión, que esos tiempos pasaron, no obstante, solo logro ver el miedo que nos reprime. Miedo a exigirle al Gobierno y a la Asamblea que trabajen como deben; a salir a las calles y ser atacados por pandilleros o por ladrones; y a perder la vida. Es impresionante como ya nadie se escandaliza por ver muertes diarias en los medios, como la gente se queda de brazos cruzados al ver tragedia y como el miedo nos reprime tanto que no exigimos a las autoridades que esto cambie.

Celebramos la libertad, aunque vivimos presos de las pandillas, de un gobierno negligente y de compatriotas egoístas. Repito el tiempo es ahora, nosotros los jóvenes somos la generación que marcara el nuevo futuro del país y está en nuestras manos cambiar la historia; o seguir construyendo sobre sombras y miedo, y así aprisionar a las futuras generaciones al mismo destino al que nos hemos dejado aprisionar nosotros.

Reflexionando en la realidad plasmada, digo que es momento de reconstruir la bandera. Librémonos del miedo que nos reprime para unirnos como país y exigir lo que merecemos, y hacer de este país, uno que no le teme a nada, que trabaja, que se une, que trata a sus compatriotas por igual y que se trata a sí mismo como Dios quiere, con amor.

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