Colaboradores

5 Sep 2014
Colaboradores | Por: Randa Hasfura Anastas

En peligro de extinción

Una vez más, este nuevo ataque brutal de Israel sobre la desprotegida Gaza, revela la soledad de los palestinos.

Dice una frase “me duelen las acciones de los malos, pero más me duele el silencio de los buenos”. Es que en realidad vimos cómo al cesar los ataques a Gaza cesaron las noticias sobre Gaza y aquellas vidas “humanas” han quedado abandonadas a recomenzar de nuevo bajo la destrucción.

Más de cincuenta días fueron suficientes para ver lo inconcebible, lo indescriptible, lo inhumano… lo inaceptable. Bombas israelíes asesinando y calcinando inocentes no puede ser catalogado de ninguna manera como guerra, como un “ataque contra el terrorismo”, como una ofensiva. Eso suena irrisorio, sería una burla a la humanidad.  La descripción correcta es genocidio, masacre, destrucción de hogares, vidas, ilusiones completas.

Israel utilizó sofisticados aviones de ataque y buques de guerra para bombardear densamente campamentos de refugiados, escuelas, hospitales y viviendas; para atacar a una población que no tiene fuerza aérea, ni marina, ni armas pesadas, ninguna unidad de artillería, ni armadura mecanizada, ningún comando en el control, ni ejército… solo vidas. ¿Y todavía lo llaman guerra? En verdad hay que tener cuidado porque como dice Malcolm, “si no estás prevenido ante los medios de comunicación, te harán amar al opresor y odiar al oprimido”.

Para entender este conflicto hay que ver el contexto. Palestina está dividida en dos territorios discontinuos: Cisjordania y Gaza. El primero descuartizado por muros, violado por asentamientos judíos y ocupados militarmente. Gaza, cercada y atacada cada tanto, impunemente. Por lo tanto, Palestina no existe como Estado e intentan que deje de existir, dejándolo como territorio aislado, teniéndolo económicamente inviable y humanamente insostenible.

Si tan solo se pudiera apreciar con los propios ojos lo que es Cisjordania y Gaza, para tener idea de lo que significa vivir bajo la ocupación de uno de los ejércitos más grandes del mundo, para tener idea de lo que es tener bloqueadas todas las fronteras y vivir en la cárcel a cielo abierto más grande del mundo, sin tener salida ni refugio. En fin, es difícil poder expresar el sentir de un palestino que es atacado constantemente en su orgullo, en su poca esperanza, en sus espacios mínimos de vida.

Hoy por hoy, se puede decir que la construcción de un Estado Palestino está en punto cero: existe el acuerdo de reunificación entre Gaza y Cisjordania, pero Israel afirma que no negocia con un gobierno nacido de ese acuerdo, y así usa cualquier pretexto para no avanzar en negociaciones. La muerte de tres jóvenes israelíes (un hecho condenable), no puede usarse de pretexto, no puede utilizarse para engañar al mundo e invadir Gaza, masacrar vidas, destruir hogares con propósitos políticos y económicos particulares.

Una vez más, este nuevo ataque brutal de Israel sobre la desprotegida Gaza, revela la soledad de los palestinos. Pero lo doloroso es que mientras políticos, gobernantes, diplomáticos discutían treguas y agendas, la población civil (niños principalmente) sufrían los horrores de una acción que hace correr ríos de lágrimas y sangre.

Desde 1948, la ONU ha tenido el gran desafío de honrar los derechos humanos y mantener la paz. Hasta hoy no lo ha logrado. Ojalá logre darles esos “humanos” derechos a los palestinos antes de que sea demasiado tarde, antes de que llegue a estar Palestina en peligro de extinción.

 

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