Colaboradores

28 Ene 2018
Colaboradores | Por: Luis Quintanilla

El voto nulo muere en el intento

Plantearé dos escenarios de emisión de votos para las próximas elecciones parlamentarias en El Salvador. Un escenario corresponde a un voto emitido por un ciudadano para un partido político, y otro escenario corresponde a un voto nulo.

De votos a escaños

Con base en el censo 2007, San Salvador asigna a la Asamblea 24 diputados. Si tomamos como referencia las elecciones legislativas 2015, el departamento de San Salvador contabilizó 642 mil 133 votos válidos. Para saber cuántos votos necesita un candidato para acceder a un curul del Congreso, debemos dividir la cantidad de votos válidos entre la magnitud de la circunscripción (magnitud: número de diputados de una circunscripción).

Así tenemos que: 624,133 / 24 = 26 mil 755.54 (cifra repartidora)

Es decir, que por cada 26 mil 755 votos se asigna un diputado de una lista partidaria (o no partidaria)

Escenario del ciudadano A

El ciudadano A emitió su voto en el departamento de San Salvador por el partido Morado, lo hizo por bandera eligiendo así la planilla completa del partido. A este tipo de votos se le denomina “voto entero”. Este voto entra en el escrutinio electoral y pasa a convertirse en uno de los votos que asignará un curul en el Congreso.

Escenario del ciudadano B

El ciudadano B decidió anular su voto. Al momento del escrutinio, la JRV ubica el voto en la pila de papeletas que han sido anuladas. En las elecciones de 2015, el número de votos nulos en San Salvador ascendió a 15 mil 413. Estos votos nulos no se toman en cuenta para establecer la cifra repartidora. Sin embargo, al sumarlos a los votos válidos dan un total de 657 mil 546 aumentando la cifra repartidora a 27 mil 397.75.

¿Qué significa?

Sustancialmente el voto nulo no representa nada significativo, más que la manifestación  del “descontento del votante con el sistema de partidos”. Sin embargo, realizando un análisis exhaustivo, el voto nulo reduce la cantidad de votos necesarios para que un diputado sea electo.

El voto del ciudadano B no logró materializarse como curul, pero al retirarse del conteo para estipular la cifra repartidora, se necesitarán menos votos para adjudicarse un escaño.

Independientemente el ciudadano B decida no dar su voto por ninguno de los candidatos, la cifra de diputados en la asamblea no varía y, con o sin el voto del ciudadano, se distribuirán los 24 diputados de la circunscripción con los votos válidos emitidos.

El mito de que el voto nulo es un voto de castigo no es válido. Sin embargo, se convierte en una herramienta que beneficia a los partidos mayoritarios que cuentan con una base amplia de voto duro. O quizá el enunciado anterior si sea válido, y el votante se castiga a sí mismo.

La propuesta

En vista de que el motivo principal de anular el voto es el descontento y desconfianza hacia los partidos políticos, el sistema salvadoreño provee otras alternativas, como el voto preferente (voto por rostro dentro de la lista de un partido); el voto cruzado (voto por rostro de planillas diferentes); o el voto por candidatos no partidarios.

Para Alexis de Tocqueville, uno de los elementos fundamentales de una democracia es una sociedad políticamente activa. Parte de la responsabilidad del ciudadano es consultar y discutir las propuestas de los candidatos de su circunscripción. De esta manera, el votante tiene en sus manos la oportunidad de distribuir sus 24 votos en todas las opciones políticas de la boleta, y así desconcentrar el poder orgánico de los partidos mayoritarios.

En conclusión, el voto nulo le hace más fácil el camino a los partidos con amplia base electoral, ya que necesitaran de menos votos para adjudicarse un escaño en la Asamblea. El voto nulo muere en su intento de protesta. El sistema electoral salvadoreño no está hecho para recibir este tipo de manifestaciones, ya los mecanismos de retroalimentación no están especificados.

 

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