Colaboradores

5 Jul 2015
Colaboradores | Por: Óscar Melgar

El Salvador y los desastres ¿en proceso de una sociedad resiliente?

El Salvador es un país vulnerable socialmente a los desastres, porque a pesar de vivir en un país que sufre diversas amenazas no hemos desarrollado una cultura preventiva que nos prepara antes, durante y después de un desastre.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres  (UNISDR) define el término resiliencia como la capacidad de un sistema, comunidad o sociedad expuestos a una amenaza para resistir, absorber, adaptarse y recuperarse de sus efectos de manera oportuna y eficaz. La resiliencia es un término muy utilizado en el ámbito de los desastres y relativamente nuevo, tiene como objetivo preparar mejores sociedades para afrontar los desastres de cualquier tipo, ya sea de origen natural o antropogénico.

Los desastres siguen siendo hoy en día un factor determinante para que las sociedades puedan o no crecer y desarrollarse en diversos ámbitos, que van desde el área social, económica, política y cultural. Actualmente, existen diversos mecanismos que permiten prevenir y mitigar los efectos de los desastres, que van desde proyectos de prevención realizados por instituciones nacionales con el apoyo de organismos internacionales, entre los cuales podemos mencionar BOSAI, realizado por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón en El Salvador; proyecto de la Cruz Roja Salvadoreña en el fortalecimiento de capacidades en Sierra Tecapa- Chinameca y el proyecto de Cáritas en cuanto a gestión comunitaria en Chalatenango; hasta mecanismos como políticas públicas en el caso, la Ley de protección civil, prevención y mitigación de desastres así como la política centroamericana de gestión integral de riesgo (PCGIR), que buscan desarrollar una cultura preventiva con la participación de diferentes actores, entre ellos la cooperación internacional, con el objetivo de disminuir los factores de riesgo en las sociedades centroamericanas; y, por último, las distintas acciones de organización y coordinación para la preparación ante desastres realizadas a nivel comunitario.

Para conocer el impacto de los desastres, en una nota publicada dentro de un rotativo nacional que retoma datos provenientes de OXFAM, establece que las últimas depresiones tropicales que han ocurrido en El Salvador generaron daños de al menos 900 millones de dólares. Asimismo, los desastres naturales han aumentado en un 5 por ciento en promedio en las últimas tres décadas.

Pero los desastres sufridos por El Salvador no han sido solamente de origen natural sino que además podemos mencionar desastres producidos por factores antropogénicos, que han causado diversas crisis o situaciones de emergencia compleja. Ejemplo de ello, la guerra civil que sufrió el país desde los años 1980 hasta 1992 y que dejó en promedio un cifra de más de 75 mil muertos; sin mencionar las consecuencias sociales del conflicto que hasta la fecha no han sido reparadas y   que afectan tanto a nivel nacional como internacional la imagen del país, y que lo convierten en un destino poco competitivo para fomentar el comercio y el turismo.

El Salvador es un país vulnerable socialmente a los desastres, en primer lugar porque a pesar de vivir en un país que sufre diversas amenazas no hemos desarrollado una cultura preventiva que nos prepara antes, durante y después de un desastre. En segundo lugar, porque las instituciones dedicadas al tema de desastres no poseen los suficientes recursos ni la capacidad necesaria para fomentar acciones que permitan disminuir los efectos negativos de los desastres; y tercero, porque aún los salvadoreños seguimos creyendo que es tarea únicamente del gobierno, proporcionarnos condiciones seguras para afrontar los desastres.

Indudablemente, los desastres poseen una estrecha vinculación con el desarrollo de las sociedades. Han estado y seguirán estando aquí siempre y pueden verse como factores limitantes para obtener un determinado crecimiento; o en todo caso, como oportunidades que permiten fortalecer los espacios y capacidades de los miembros que conviven en una sociedad. El Salvador no es el país que posee las más altas posibilidades de sufrir diversas amenazas, pero su vulnerabilidad social lo condiciona a ser un país que muy difícilmente pueda sacar de las condiciones de pobreza a su población, si no se toma en cuenta una formación resiliente en materia de desastres.

 

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