Colaboradores

30 Mar 2014
Colaboradores | Por: José Guerra

El Salvador, ¡te toca!

Después de los comicios presidenciales realizados hace dos domingos,  de sus resultados impactantes aunque esperados, y de la inexorable situación tensa entre el miedo, el populismo y la decadencia moral de quienes se han dedicado a sacar a luz su falta de patriotismo, me dispuse a reflexionar sobre algo que ya había entendido. El tesoro de la democracia, aparte de elegir a nuestros gobernantes, reside en nuestra responsabilidad de decidir cuál es la vida que queremos, las cualidades de nuestra nación y el zapato con el que queremos caminar.

El 9 de marzo, el país eligió entre zozobra y triunfalismo; en segunda vuelta, al jefe de Estado que regirá políticamente el porvenir de El Salvador. Tomará su cargo el 1 de junio y desde ese día se dedicará a trabajar por el país y a defender la Constitución. Pero ¿es deber solo de un hombre buscar la felicidad de una nación? ¿El Presidente y su gabinete son los responsables de todo? ¿Podrá el Eterno juzgar al Presidente por el insulto que regalaste al abusivo que casi te saca de tu carril en la Juan Pablo? ¿Será condenado tu representante por la marufiada que hiciste con el anciano en la tienda de granos? ¿El Jefe de Estado será llevado al tribunal por la actitud grotesca del chofer de la 44 cuando intenta sobrepasar la cola que se hace sobre La Sultana?

En definitiva que no. La libertad suprema del ser humano y que la democracia respeta es que cada uno es capaz de decidir cómo actuar, reaccionar, qué y cómo decir, qué pensar y qué no. Por ende, nadie puede ser juzgado o inquirido por la acción o decisión de otro.

Por ejemplo, el presidente Funes no es responsable de que un joven deportado haya decidido ser marero y haber incendiado una coaster en Mejicanos. Pero sí lo es de haber elaborado, defendido y financiado el ‘pacto entre pandillas’, que favorece esa decisión libre y que afecta, destruye y desalienta a la mayoría de salvadoreños.

Una de las cosas buenas del sistema es que el Estado está obligado a promover e incentivar un entorno confiable y que facilite el acceso al desarrollo. Aunque en los últimos casi cinco años, la institucionalidad del Estado y las libertades constitucionales del ciudadano y del emprendedor se han visto violentadas en varias ocasiones, aún podemos elegir cómo vivir en este terrruño. Por eso ha llegado el momento en el que la Patria nos reclama; nos reclama ser libres, honrados, confiables, respetables y honrosos salvadoreños.

El Salvador, ¡te toca! Te toca armarte de valor y de honradez para marcar el rumbo de tu felicidad. Te toca seguir caminando con decisión y esmero en búsqueda de la paz, el progreso y la verdadera libertad. Te toca ser esperanzado en la benignidad del Creador y ser la esperanza de tus hijos siendo un pueblo noble y heroico; alimentarte en las riveras de la democracia y decidir cómo reaccionar ante todo. Te toca ser pulcro en el valle de los corruptos, marcar la diferencia, porque tu nacimiento yace en el corazón de un Dios perfectamente bueno. Te toca correr con la velocidad de un proyectil en la defensa de los derechos humanos, y a la velocidad de la luz en ataque contra aquello que desestabiliza la armonía de tus hermanos. Te toca ser el orgullo de tus padres, el ejemplo para tus hijos y el amigo para tus acompañantes.

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