Colaboradores

27 Oct 2018
Colaboradores | Por: John Guzmán

El rostro del mundo del siglo XXI

Octubre termina y el mundo entero continúa experimentando el desarrollo de la cuarta Revolución Industrial. La evolución acelerada de los productos tecnológicos llega a muchos países del planeta, a través de las conexiones que se han ido creando desde el inicio de la globalización.

No obstante, la generación joven sobre el planeta tiene que cuestionarse sobre qué es lo que está haciendo para adaptarse al ámbito laboral, familiar, social y moral que se está construyendo ante sus ojos. Sin duda, estos avances disruptivos están cambiando la forma en cómo evaluamos las cuestiones. La historia nos dice el por qué. Este acontecimiento no es nuevo, ya que en los siglos XVIII, XIX y XX se produjeron fenómenos similares, los cuales causaron la modificación de los tejidos económicos de los países en cada uno de esos correspondientes tiempos. Con la introducción de las máquinas industriales en la cadena de valor de los entes económicos se perdieron miles de empleos (pero, se redujeron costos y se aumentó la eficiencia en los procesos), lo cual incrementó de golpe la tasa de desempleo de los países en los cuales las invenciones se acoplaron perfectamente a los contextos mercantiles de las firmas de las distintas épocas.

El Banco Interamericano de Desarrollo en El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe de 2018 expresa que el veloz cambio tecnológico y el envejecimiento poblacional son dos acontecimientos que están dejando huella en la composición del mercado laboral. Agreguemos los cambios en nuestra manera de mantenernos comunicados y las mutaciones que está teniendo la manera de hacer negocios. Están apareciendo modelos de negocio que no están regulados en las leyes de las naciones, lo cual es un punto polémico que descubre la multiplicidad de los vacíos legales y la potencia de la imaginación humana, pero también desafiantes cuestiones para el mercado financiero. Por ejemplo, el rubro financiero tiene una vulnerabilidad más, ya que puede ser que invierta mucho capital en una activo tangible o intangible, pero no se sabe si quedará obsoleto unos cuantos meses después. En otras palabras, se ha incrementado el riesgo de que un aparato se deprecie con mucha más rapidez planificada en su registro contable.

Por estas razones, la población salvadoreña joven tiene que aprovechar al mil por ciento el tiempo que tiene antes de entrar al mercado laboral. Manuel Hinds, economista y consultor económico, sostuvo en uno de sus editoriales de un periódico nacional que hay que observar que las economías se están basando en conocimiento. De dejar de lado la afirmación anterior, la población se rezagará por su falta de habilidades. El sistema de educación salvadoreño se tiene que ajustar a los requerimientos actuales, ya que el mundo está evolucionando, lo cual acarrea nuevas competencias que hay que dominar.

En conclusión, la población entera de la nación es testigo de cómo se desarrolla la Cuarta Revolución Industrial. La tecnología y la sofisticación vienen para quedarse. Tras esto, habrá que reflexionar sobre cómo se están desviando los recursos de la nación. Ante fenómenos de esta clase, es mejor no subestimar la historia, con el fin de construir soluciones para el mundo que se levanta en pleno siglo XXI.

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