Colaboradores

25 Mar 2017
Colaboradores | Por: Benjamin Marcía

El poder de permanecer

La vida suele presentarnos vicisitudes de vez en cuando, ya sea por nuestras malas decisiones o por circunstancias que se nos escapan de las manos. En ocasiones, esas contrariedades son tan grandes, tan asfixiantes, tan sin salida, que llegamos al borde de la desesperación y es justo en ese punto donde queremos huir.

Todos en cierto momento queremos huir de nuestra fétida realidad, queremos rendirnos. Una deuda que no podemos pagar; un matrimonio que parece insalvable; un negocio fallido; intentar algo y volver a fracasar; el jefe que nos desespera; el amigo que nos traiciona; el cónyuge que falló; el dinero que se esfumó; los acreedores que no paran de llamar; la amenaza que nos quita el sueño; recibos acumulados y la lista sigue, y sigue. Solo se acumulan los problemas.

Quizá la única salida que crees tener es rendirte, abandonar el hogar, renunciar al trabajo, drogarte un poco e, inclusive, suicidarte. Pero, permíteme poner mis manos sobre tus hombros, verte directo a los ojos y decirte que ¡esto no se ha terminado! ¡Tú puedes dar un paso más! ¡Puedes soportar un poco más! Dejarlo todo y rendirte no es la salida, quizá no puedes hacer mucho respecto a lo que pasa a tu alrededor, pero si puedes hacer algo respecto a lo que sucede en tu interior, puedes decidir calmarte y preservar tu paz.

No pretendo minimizar tu problema, sino maximizar tu capacidad. No es ésta la primera vez que te enfrentas a un problema, la vida te ha capacitado para este momento. Seguramente necesitas considerar lo siguiente:

No tomes decisiones con “cabeza caliente”. No tomes decisiones en base a tus sentimientos o a tu actual estado de ánimo, eso puede ser fatal, el calor de una emoción puede nublar tu juicio y dirigir tus pasos al fracaso. No deberíamos tomar una decisión al encontrarnos en estados de ánimos extremos; ya sea muy tristes, muy enojados, muy emocionados.

Una emoción desbordada puede hacerte renunciar a un empleo sin considerar el daño a tu economía o a la de tu familia; o puedes romper un matrimonio sin considerar el daño a tus hijos. Cuando las emociones se alteran se pierden de vista hechos fundamentales o elementales, como por ejemplo, que no hay matrimonios perfectos, que todos los hijos pasan por una etapa de rebeldía, que no es tarea del jefe ser amable, que el dinero se acaba pero se puede volver a producir, así que ¡tranquilo! No te exaltes. Que no te gane la rabia, ni te deslumbre la emoción.

El sabio Salomón decía que es mejor el hombre es aquel que sabe controlarse a sí mismo, inclusive mejor que aquel que conquista una ciudad.

Recuerda tus opciones. Rendirse, renunciar, irse, perderse en bares, nada de eso es la mejor opción. Cuando te calmas, cuando tomas un tiempo para aclarar tu mente y pensar, es ahí donde podrás ver algo que no estabas considerando. Antes de dar un paso, toma un momento para considerar por qué haces lo que haces.

¿Te estará moviendo la motivación correcta? Quizá solo quieres evitar afrontar tu responsabilidad, quizá solo quieras huir del dolor en lugar de tener el carácter para atravesarlo. Quizá la solución requiera hacer algo que no estás dispuesto a hacer o privarte de algo que te complace; asumir una actitud que no quieres o un nuevo rumbo que reúsas. Asegúrate siempre de actuar por la motivación correcta.

Si te rindes no solo tú te verás afectado, es probable que alguien más dependa de ti, o que alguien está teniendo fe en ti. Por favor ¡avanza! No decepciones a los que creen en ti, no te decepciones a ti mismo, tú puedes con esta y con muchas más.

Avanzar no será fácil. Quizá lo harás solo, tal vez nadie más te apoye, sino por el contrario, te desanimen. Pero debes elegir la clase de hombre o mujer que serás en la vida. ¡Permanece! ¡Continúa! Conviértete en la constante gota que no por su fuerza, sino por su persistencia quiebra la piedra.

No te acobardes, ni te dejes intimidar, si no funcionó el plan A, pues continúa con el plan B, C, D y con todos los que requieras. Llora, si debes llorar, pero no te quiebres; hay gente que depende de ti. No abandones el barco, si otros han salido de sus tormentas, tú también saldrás.

Demuestra de qué estas hecho, y si eres alguien de fe, recuerda lo que dijo Dios: “te he puesto como un muro fuerte, pelearán contra ti pero no te vencerán”.

Por favor ¡no te rindas! ¡Continúa!

Un paso más. Un día a la vez.

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