Colaboradores

11 May 2013
Colaboradores | Por: Denisse Siliezar

El papel de los jóvenes en la lucha contra la pobreza

Ser joven es equivalente a hablar de una persona vivaz, alegre, positiva, optimista con la vida, rebelde sin causa, y otras cualidades. En fin se trata de alguien “despreocupado de cualquier responsabilidad” en la mayoría de los casos.  Ahora, cuando los temas de coyuntura afloran en el entorno en donde nos rodeamos, existen sin fin de opiniones provenientes de cualquier sector que abonan su punto de vista, sean mujeres u hombres adultos con títulos universitarios, maestrías, expertos en materia, entre otros.   

Pero bien, ¿Qué sucede cuando las propuestas, opiniones o reclamos son realizados por los jóvenes? y de manera especial ¿Qué pasa cuando se tocan temas políticos?, ¿Se deberán dejar estos a los expertos que llevan años estudiándolos y buscando solución a los mismos? o ¿Será que se está dejando de lado algún recurso de gran importancia que logre generar cambios?

Como joven, expresar alguna opinión se convierte en “algo pasajero” que va desapareciendo en el transcurso de la vida. Esa “rebeldía” innata que por naturaleza cada uno atraviesa, pero que no llega a ser más que palabrería. Pero entonces, ¿Si es una opinión distinta, no tendrá algo que rescatar para generar cambios de bien? 

Ser joven es ser un diamante bruto sin explotar, un ser que busca día a día superarse y desarrollarse a partir de las características de su entorno, que provee ideas nuevas e innovadoras a los problemas, un referente del porvenir, y porque no un pequeño motor potenciador del desarrollo.  Entonces la pregunta es la siguiente, ¿Por qué no usar ese recurso humano tan valioso, en la lucha contra uno de los problemas más indignantes y serios, que enfrentan día a día una enorme cantidad de personas? Y contestando de antemano a quienes desconfían, si es posible hacerlo.

La pobreza como tal no se resuelve de la noche a la mañana, pero si puede llegar a superarse junto al trabajo conjunto desarrollado entre las partes, sean estos protagonistas y actores secundarios, o bien pobladores y voluntarios. Estos últimos son jóvenes comprometidos a generar cambios positivos a su comunidad, universidad, trabajo, entre otros. Son ellos quienes se sumergen a esta realidad no descrita en libros, para cambiarla poco a poco, conociendo que si existe solución, no sencilla pero presente; siendo de por sí ya líderes del futuro que aplicarán sus conocimientos más adelante, para resolver las problemáticas que acontecen nuestra realidad.

Si los jóvenes no son incluidos en dichos espacios para combatir problemas como la pobreza, la injusticia o desigualdad, ¿Cómo se espera que mejore un país con mentes reiterantes de lo mismo?, que una y otra vez vuelvan a cometer los mismos errores, y no ser todo lo contrario: mentes propositivas. Por tanto, deriva de lo anterior la importancia de la formación profesional y práctica en nuestro diario vivir. Los espacios de formación deben de ser primordiales para preparar el camino de liderazgo. Si dichos espacios se omiten, pues bien, se generan y producen ideas erróneas sobre la realidad que acontece.

La juventud es y será siendo siempre ese intermedio entre la niñez y la adultez, que busca dejar atrás la inocencia para meterse de lleno a la acción. Es ese eslabón que va formando día a día una cadena de logros pequeños pero significativos, y que posteriormente se convierten en grandes logros de una sociedad. 

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