Colaboradores

29 Ene 2017
Colaboradores | Por: Diana Chavéz

El morbo de “informar”

El pasado miércoles 18 de enero, México fue testigo de una terrible tragedia en un colegio privado del estado de Monterrey. Ese día un adolescente arremetió contra tres de sus compañeros y una maestra para, posteriormente, dispararse a sí mismo. La noticia se hizo viral en cuestión de minutos en las redes sociales, en donde el asombro y también las críticas de las personas no se hicieron esperar. Se empezaron a realizar las primeras investigaciones de este hecho y una de las primeras conclusiones que se obtuvieron fue que el adolescente sufría de depresión, razón por la que actuó de esa manera. Sin embargo, recientemente se han estado investigando a ciertos grupos en Facebook y Twitter que podrían estar relacionados con dicha masacre.

 

Lo importante de esta noticia no es que fuera la primera vez que sucede en instituciones educativas y tampoco es el primer adolescente que protagoniza actos de este tipo, muchos se han visto en Estados Unidos. De igual manera, tampoco es nuevo que dichos jóvenes tengan algún problema psicológico para actuar así; no obstante lo que sorprende, al menos personalmente, es la capacidad de viralización que este tipo de noticias tiene y el impacto que causa en la población. No se queda en leer o narrar los hechos, sino que la gente, al parecer, necesita ver lo que sucedió para criticar, “analizar” la situación y poder opinar. La sociedad necesita “ver para creer” y así tal vez sentir empatía, mofarse o ignorar la gravedad de la situación.

 

Las personas han desarrollado cierta necesidad por ver violencia, a pesar de que estén en contra de ella, sientan lástima por las víctimas o les preocupe la situación. Ahora ya no solamente está el sector de la población que es “anti-violencia”, sino que recientemente hay comunidades online que se fascinan con la violencia y se inspiran de los responsables. Estos “nuevos” grupos siempre han estado ahí, pero las redes sociales los han impulsado a presentarse oficialmente ante la sociedad y van tomando terreno en uno de los sectores más numerosos y vulnerables, la juventud.

 

Nosotros, las nuevas generaciones, estamos conociendo una versión de nuestro mundo llena de depravación social y moral que los vuelve menos resilientes y más susceptibles a que se vean involucrados en situaciones que atenten a su integridad física y mental, así como que tengan el apoyo de otros jóvenes que, como ellos, no logran encajar en una sociedad injusta y exigente. Todos, entonces, tratan de crear su propio concepto de la misma en donde las reglas no deberían existir y hacen escuchar su voz a través de distintas formas de violencia.

 

Insignificante para muchos, irrelevante para otros, la verdad es que es una problemática que día a día va tomando más alcance. Es un llamado de emergencia social que nos advierte a todos que debemos ser más empáticos con los jóvenes, especialmente aquellos que tienen algún tipo de problema con sus familias, en las escuelas o de salud psicológica y no solo eso, sino que es importante analizar el contenido que es compartido en las distintas redes sociales. No seguir normalizando aquellos que tienen un concepto violento. Es de poner un alto a la indiferencia cuando se habla de esta problemática y empezar a trabajar, desde donde estamos, para opacar el poder que la violencia tiene en la sociedad y evitar que los niños y adolescentes o jóvenes la consideren como el recurso para resolver los problemas de su entorno y de sí mismos.

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