Colaboradores

11 Oct 2012
Colaboradores | Por: Omar Galdámez

El mal que nunca acaba

El Salvador es el país más pequeño del continente americano. Aparte de esta característica peculiar, no está exento de una serie de problemáticas de índole económico tanto internos como externos, problemas sociales, políticos y ambientales, entre otros, que afectan en gran medida la situación de las masas.

Para nadie es nuevo que el PIB no tiene un crecimiento sostenido que represente una mejoría en las condiciones de los salvadoreños, pues en las últimas décadas esa ha sido la tendencia o en el mayor de los casos se ha obtenido un crecimiento demasiado modesto que no produce efectos significativos en el mejoramientos de las condiciones socioeconómicas del país. Un claro ejemplo es el bajo crecimiento obtenido entre 2008 y 2011, logrando únicamente el 1.5% (Secretaria Técnica de la Presidencia, 2012) para el último año, debido a aspectos multi-causales como la recién pasada crisis económica en los EE.UU, y la creciente inestabilidad económica de la Unión Europea; y otros de carácter interno como el aumento de la inflación llegando a un 5.1% (Secretaria Técnica de la Presidencia, 2012) que conlleva al aumento de los precios de los productos de la canasta básica ampliando aún más los niveles de pobreza.

Otro factor fundamental para el desarrollo es que la inversión ha experimentado un declive significativo. A pesar de todo, se han logrado avances en términos de la inversión estatal, como una mejoría en el aumento de programas sociales que aumenta la ayuda a la población en el sentido de  incrementar sus oportunidades de desarrollo, ejemplo de ello son Programa de Agricultura Familiar PAF, programas como PATI, la construcción de la carretera Diego de Holguín y del nuevo Hospital de Maternidad. Sin embargo, la inversión pública no solo se limita a este tipo de gasto, sino a un aumento en el gasto corriente de $1,500 millones (Secretaria Técnica de la Presidencia, 2012) financiados únicamente con deuda externa, imposibilitándo reducir el déficit fiscal y el cumplimiento de los acuerdos con los organismos financieros internacionales como las metas macroeconómicas acordadas con el Fondo Monetario Internacional FMI en el 2010.

Asimismo, el mantenimiento de los subsidios de electricidad, transporte, entre otros, y la introducción de políticas populistas que no se centran en proyectos de largo plazo traducibles a una mejora y un desarrollo sostenible, obligan a centrarse en otros mecanismos de financiamiento como la aplicación de reformas tributarias para incrementar los niveles de recaudación fiscal y mantener así sus programas sociales y de inversión. Curiosamente, no se logrado cubrir dichos programas con recurso nacional, por lo que se acude a préstamos internacionales que acrecientan la deuda externa llegando a $11, 928.7 millones (Secretaria Técnica de la Presidencia, 2012) al cierre del 2011, siendo la del actual gobierno la mayor en relación a las anteriores administraciones.

Por otro lado, una baja en la inversión extranjera se traduce en un aumento del desempleo, y una baja productividad palpable en la disminución de las exportaciones, que han conducido a importar bienes para cubrir esa falta de la actividad productiva. Finalmente, el aspecto ambiental,  pues cada fenómeno climatológico representa un costo adicional en el  presupuesto nacional pactado, como la depresión 12-E que afectó las estimaciones del PIB del 2011 con un impacto de $902,300.127 (Secretaria Técnica de la Presidencia, 2012) en el presupuesto estatal para ese año.

Por lo tanto, no nos queda más que buscar soluciones que verdaderamente generen un impacto positivo y de largo alcance para poder cumplir con las metas macroeconómicas del país. También debe mantenerse la cooperación internacional de países amigos, como el Asocio para el Crecimiento o el Pacto del Milenio II, siempre y cuando exista una mayor racionalización y redirección del gasto público, un mejoramiento del clima de negocios, el respeto del Estado de derecho, y la priorización del desarrollo con apoyo a cada sector productivo del país. Ante todo, es necesario un pacto entre todas las fuerzas vivas para que trabajemos bajo una misma visión: construir un El Salvador que todos y todas queremos, en un nuevo escenario económico lleno de progreso y desarrollo sostenido.

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