Colaboradores

1 Jul 2018
Colaboradores | Por: Moisés Escobar

El gobierno me la debe

Recientemente, escuchando a un hombre de unos 42 años de edad, sobre su testimonio como sobreviviente del conflicto armado salvadoreño y de la masacre del Sumpul, me dijo: “el ejército de El Salvador se enfocó en destruir el futuro de mucha gente y aún me la deben. Todavía no me han reivindicado. Dejaron muchos niños en la orfandad y que hoy de adultos cargamos con la miseria, y el sufrimiento que la masacre nos dejó”.

Luego, me contó que a su padre el ejército lo mató, frente a toda la familia. Su madre y sus dos hermanos lograron huir, aunque su madre obtuvo ayuda de unos misioneros estadounidenses. Con esto, dos de sus hermanos viajaron a Estados Unidos y luego ella huyó a Honduras; a él lo dejaron en un orfanato, que administraban las “monjas gringas”.

Él me narró, “yo fui bien criado, domino bien el inglés, me crié disciplinado, no me faltó comida, ni ropa y logré pasar toda mi vida de niño hasta que llegué a la mayoría de edad, en ese lugar -el orfanatorio-“, “pero nunca tuve amor, las monjas eran buena gente, pero no me dieron afecto, ni cariño, solo estudio, disciplina y cosas”. Ya mis hermanos como “ahora son gringos” ni les importo ni me consideran su hermano, “mi mamá hasta hace poco volvió de Honduras y nos reencontramos, aunque más acepta a mis hermanos, que a mí”. “Los soldados no solo mataron a mi padre, también a toda mi familia y aunque algunos seguimos vivos, ya ni parecemos familia y aún cargamos el pasado y las consecuencias de habernos desintegrado”.

Este hombre, finaliza su plática diciéndome “el que no conoce su historia, la puede repetir”. “Aunque yo perdí a mi familia, hoy que soy padre, he tratado de ser el mejor papá y el mejor esposo…cuesta, porque a veces resurgen las secuelas de la guerra…y hasta la fecha, solo hay impunidad y los que sobrevivimos, estamos dañados sicológica, emocional y culturalmente”.

Yo no viví la guerra, pero si vivo sus secuelas. En 1992 sucedieron los Acuerdos de Paz entre el gobierno salvadoreño y la guerrilla; lamentablemente, en el poder quedaron empotrados los funcionarios del Estado y, la paz y los “Acuerdos” se diluyeron y se cumplieron parcialmente. Dicen que la guerrilla ganó la guerra armada, pero el gobierno y la fuerza armada ganaron la guerra política; pero todos perdimos, perdimos a familiares, amigos, perdimos con una gigantesca deuda financiera -por el costo de las armas y las municiones para el ejército-, que al parecer aún se paga; perdimos porque nos violentaron y nos engendraron con fusiles, balas y violencias; perdimos porque la economía, la política, la cultura, la infraestructura, el medio ambiente y la sociedad se deterioraron muchísimo.

Aún hay acuerdos pendientes. Pero, lo peor de todo esto, es que aquellos niños huérfanos, aquella sociedad violentada, es la misma de los 80´S y la misma de hoy. Padres violentados y violentadores, porque la violencia engendra violencia y así nos sigue pasando; violencia sigue produciendo violencia. Aquí está esa sociedad a la que el gobierno y los victimarios “aún le deben a la población”. Le deben la justicia, la reconciliación, el reconocimiento de las masacres y los masacrados, le deben la verdad, le deben el poder llorar a sus muertos, saber dónde está sus cuerpos, le deben el reconocimiento de la historia. Hasta le deben un santo, a San Romero.

Hoy, hablamos de hasta 40 homicidios por día, en nuestro país. Hablamos de las pandillas, de la corrupción, del salvadoreño “violento”, pero hemos olvidado que la guerra nos mató y que “aún el estado nos la debe”. También, “nos la deben” la OEA y otros tantos organismos internacionales y nacionales de aquel entonces, porque favorecieron la impunidad, y porque se acobardaron en la reivindicación de nuestra gente y en fortalecer debidamente la paz, y la justicia restaurativa en nuestro país.

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