Colaboradores

17 Jul 2014
Colaboradores | Por: Gerson Chávez

El fantasma de la violencia y delincuencia

Las pandillas han aumentado su accionar delincuencial y son los responsables del 60 por ciento de los homicidios ocurridos en El Salvador.

Llegaron tres amigos, la policía solo permitió que uno pasara. Al acercarse y ver aquella escena, solamente llevó sus manos a su rostro, gritó y se sentó agobiado por el dolor de ver a su amigo, un menor de 16 años de edad, que yacía muerto a la par de una bicicleta y de una mesa de concreto en el parque del Centro Urbano “José Simón Cañas” del municipio de Mejicanos, en San Salvador.

Luego llegó su abuela, una señora de unos 65 años de edad, entre lágrimas le dijo a los policías que era la responsable del menor de edad, el cual recientemente había sido abandonado por su madre que buscaba un mejor futuro en Estados Unidos.

Este drama no termina, pues  las primeras investigaciones de la policía señalaron que el menor de edad estaba consumiendo marihuana y que supuestamente habían sido dos de sus amigos, por cierto pandilleros, quienes lo asesinaron con dos disparos en la cabeza.

Sin lugar a dudas, esta escena recrea el fantasma de la violencia y la delincuencia que se vive de oriente a occidente y de norte a sur en el territorio salvadoreño. Es una muestra del sufrimiento, luto y dolor que embarga a padres, madres, hijos, hermanos, cuñados, en fin de toda la familia en general.

Las pandillas han aumentado su accionar delincuencial, los asesinatos y son los responsables del 60 por ciento de los homicidios ocurridos en El Salvador, según el ministro de Justicia y Seguridad Pública, Benito Lara. Las pandillas han dejado y dejan, diariamente luto y dolor en la familia salvadoreña. Luego viene el otro 40 por ciento restante de los crímenes, los cuales vienen originados por la violencia común, la cual no siempre es controlada por las autoridades.

La escena del homicidio del menor también hace pensar que muchas personas, inducidas o no, han iniciado en el vicio de los drogas desde temprana edad, principalmente en el consumo de la marihuana. En algunos casos, los menores de edad consumen drogas porque sus padres han decidido buscar un mejor futuro en el exterior y los dejan abandonados y a su libre albedrío. En otros casos, los abuelos o familiares cercanos han quedado como responsables de los menores y no siempre han logrado educarlos y guiarlos por el camino del bien.

 También está el caso de menores que, desde tempranos años de sus vidas, ven a sus padres fumar o consumir algún tipo de droga, sea lícita o ilícita. Estas situaciones sin lugar a dudas contribuyen considerablemente en que los menores de edad se involucren en el mundo de las drogas.

La triste escena del homicidio también hace recordar que muchos menores ingresan a las pandillas porque provienen de hogares desintegrados, de familias que por una u otra razón deciden buscar un mejor futuro en el exterior y descuidan a sus hijos. La migración, principalmente hacia Estados Unidos es una realidad que no se puede esconder. Los datos del Grupo de Monitoreo Independiente de El Salvador (GMIES) dice que diariamente de El Salvador parten hacia Estados Unidos unas 300 personas. De estas, el 50 por ciento son hombres y un 25 por ciento son mujeres. Al analizar estas cifras podemos pensar: ¡Cuántas menores de edad no se quedan diariamente sin sus padres!

La escena también nos hace meditar y recordar que en la actualidad están dejando de existir las buenas amistades, aquellas con las cuales se podía pasar todo el día sin involucrarse en problemas con la ley, sin cometer ningún tipo de delito. Por supuesto, que la falta de buenos amigos se ha visto influenciado por la pérdida de valores.

No se puede revertir la muerte del menor; sin embargo, el presente y el futuro de El Salvador cambiarán si educamos bien a nuestros hijos, si los mantenemos alejados de las drogas y las armas y también si el Estado invierte más en programas de prevención y de represión. 

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