Colaboradores

13 Feb 2016
Colaboradores | Por: Miguel Monterrosa

El capitalismo revolucionario hacia la educacion en El Salvador – Primera parte

 

Casi siempre asociamos el término revolución con el de violencia. La historia que nos vende valida esta apreciación. Sin embargo, lo cierto es que existen importantes revoluciones pacificas muchas veces omitidas en nuestros libros de historia, y mucho menos en Hollywood

Las sociedades funcionan como los individuos. Así como nos cuesta enormemente superar nuestras neurosis o histerias, las sociedades psicológicamente enfermas como la nuestra difícilmente cambian en la misma generación que resuelve el cambio. Apostar a que nuestras instituciones comenzarán a funcionar porque nosotros empezamos a votar políticos probos e idóneos que logran imponer un buen comportamiento social en nosotros mismos, es una simple utopía. Cuando por casualidad asuma un Presidente probo e idóneo nuestros parásitos sociales que son más fuertes que nosotros mismos se lo comerán al poco tiempo. Estamos demasiado enfermos socialmente para tal auto-corrección. Pero no estamos tan enfermos como para no darles una oportunidad a nuestros hijos.

Podemos darles a nuestros hijos la oportunidad de cambiar el país. Más allá de todas las explicaciones científicas acerca de la importancia de la educación en el desarrollo de las naciones, por el sólo hecho que una sociedad decida reconocer  sus deficiencias, apostar a sus hijos y darles la oportunidad del cambio, tiene garantizado el éxito. Así de fácil.

Casi siempre asociamos el término revolución con el de violencia. La historia que nos vende valida esta apreciación. Sin embargo, lo cierto es que existen importantes revoluciones pacificas muchas veces omitidas en nuestros libros de historia, y mucho menos en Hollywood. Ejemplos de ello son la apertura democrática en Corea del Sur después de la guerra, la apertura de Vietnam a la inversión privada a finales del siglo pasado, la democratización de Chile al finalizar la dictadura de Pinochet, y también la Ley 1420 de Educación Pública de Argentina así como las reformas educativas de José Pedro Varela en Uruguay.

El carácter del manifiesto capitalista revolucionario, consiste en una revolución educativa que alcance el más efectivo y alto grado posible de derecho de igualdad de oportunidades para todos y entre todos los salvadoreños. En otras palabras, hacer que todos los salvadoreños tengan las mismas herramientas que los demás para construir ellos mismos su futuro. Y qué mayor derecho de igualdad de oportunidades de garantizar que cada uno de nuestros hijos alcance sus dieciocho años con alimentación, salud y educación bilingüe garantizada. Por ello, el Capitalista Revolucionario propone, una revolución social a través de un proyecto educativo de cambio.

Se trata de construir una mejor sociedad, donde aun existiendo ricos y pobres, todos los ciudadanos desde el nacimiento hasta el fin del nivel secundario tengan absolutamente garantizados estándares de alimentación, salud y educación adecuados para permitirles construir su futuro con dignidad y en igualdad de condiciones como cualquier otro salvadoreño.

Se trata de seleccionar políticas educativas y sociales para los menores, históricamente más parecidas a las de los  países socialistas que los capitalistas.

Más parecidas a las de los países asiáticos que a los occidentales. Se trata de elegir por una presencia activa y total del Estado en los niños de hasta 18 años, asegurándoles todas y cada una de las necesidades alimenticias, educativas y de salud, con los mejores estándares a nivel nacional y a nivel internacional.

En otras palabras, el Estado, por sí o a través de empresas privadas, será responsable por el transporte escolar, útiles escolares, vestimenta escolar, control de salud, vacunación, y alimentación de cualquier de El Salvador. Tales servicios serán otorgados en forma absolutamente gratuita.

¿Y esto es la revolución? Absolutamente. No solo es una revolución por el cambio y el esfuerzo que significa, sino que el resultado de su implementación será una revolución social que cambiará el rumbo de la historia argentina. Imagínense el efecto social resultante de que el Estado asuma la responsabilidad absoluta de garantizar que el ciento por ciento de los argentinos alcance sus dieciocho años sano y alimentado; con estudios secundarios completos de nivel igual o superior a los colegios privados; y sabiendo hablar fluidamente inglés o portugués, y en su caso, la lengua del  pueblo originario al que pertenece.

 

 

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