Colaboradores

6 Jul 2014
Colaboradores | Por: Julissa García

Educación e instituciones públicas: raíces y frenos del populismo

Todos soñamos con un mundo mejor, pero son pocos los que se dan a la tarea de construirlo.

El populismo ha sido un movimiento político alentado por la idea de eliminar la desigualdad y anteponer los intereses de la gente. Si bien cierta sombra de ese diálogo suele aparecer en los discursos de la mayoría de los políticos, un plan de este tipo, bien implementado, podría generar resultados positivos para la sociedad. Sin embargo, como Edwards (2009) menciona en su libro Populismo o mercados, el problema del populismo reside en que ciertos líderes carismáticos se conducen hacia el extremo de la “bondad” y confían en que generosos programas sociales brindarán beneficio a todos y reducirán la brecha de la desigualdad, pero dejan de lado el tema dela ejecución. No cuentan con programas coherentes que les permitan realizar cambios sociales y reformas efectivas y, sobre todo, que se mantengan firmes en el tiempo.

Este tipo de estrategias encuentran cobijo en la necesidad del líder de obtener apoyo y llegar al poder. En un contexto de este tipo, es solo cuestión de tiempo para que esa política ideada para nacionalizar las empresas y brindar servicios públicos, acabe volviéndose insostenible, puesto que se requiere de una amplia cartera que sea capaz de financiarla. En esa situación, la deuda del gobierno se incrementa a tal punto que se vuelve necesario recuperar dinero de alguna forma, llegando incluso a agravar los problemas iniciales, que irónicamente era los que se esperaba resolver, como el aumento del desempleo, la inflación y la pobreza.
 
En algunos países latinoamericanos, a mi juicio, el populismo ha pasado a verse casi como un accionar rebelde, donde los líderes que lo promueven afirman su inconformidad hacia métodos de globalización y políticas liberales porque consideran que enriquecen a un solo grupo y que las desigualdades no se corrigen. Si bien esa desigualdad es una característica distintiva de Latinoamérica, también se destaca un atributo precario en nuestra sociedad, en el que coincido con Edwards, como causa principal y agrego es la única clave para cambiar el destino de nuestros países: la educación. Por lo mismo, las institucion es públicas bien cimentadas se vuelven el medio ideal para otorgarla.
 
Dimensiono la situación como un círculo vicioso, de modo que ambas variables, tanto la calidad de la educación como la eficiencia de las instituciones públicas están interrelacionadas. Si contamos con instituciones políticas públicas débiles, por ejemplo, es muy difícil crear confrontación y tomar decisiones con base en lo que sea correcto o beneficioso para la mayoría. Al mismo tiempo, se dificulta la construcción de medidas a largo plazo que sean duraderas y efectivas, como las orientadas al sistema educativo. Instituciones públicas competentes promueven el debate, destacan pros y contras, mantienen el poder repartido y minimizan la posibilidad de que el presidente mueva las fichas de ajedrez a su antojo.
 
Por otro lado, tenemos la importancia de la educación, pues una mejora en este ámbito ayudaría también, a mediano plazo, a la constitución de instituciones públicas competentes conformadas por personas ideales, elegidas en función de merito cracia.
 
Cuando se logre brindar educación de calidad y tener instituciones políticas efectivas, la globalización que los populistas rechazan por ahondar la brecha de clases. Podría traer enormes beneficios, ya que la sociedad tendría la disposición y las herramientas idóneas para recibirla, conduciendo a sus habitantes a industrias claves de desarrollo y promoviendo las mejoras tecnológicas. La educación desarrolla el capital humano y hace más competente y eficiente a un
país; a la vez permite la edificación de una memoria histórica que nos haga críticos ante el entorno y nos permita aprender de los errores.
 
Todos soñamos con un mundo mejor, pero son pocos los que se dan a la tarea de construirlo. Por ello, la educación debe ser el primer paso a realizar. Esto hará que a mediano plazo se elija a nuestras autoridades por medio de la meritocracia y que el nivel de competitividad y de desarrollo de nuestros países aumente. Es necesario conocer nuestra historia, saber de dónde venimos y hacia dónde vamos para no cometer errores del pasado ni perder el sendero que nos lleve a construir un mejor país.
 
 
 
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