Colaboradores

7 Dic 2013
Colaboradores | Por: Ronald Hernández

Economía, empleo y consumo

Cuando se habla de economía, lo primero que solemos hacer es relacionarla única y directamente con números, por lo que comenzaremos definiendo qué es economía para luego hacer un breve desglose de los factores que la integran, su historia y las diferentes tendencias a lo largo de los años. Definimos economía como el estudio de la manera en que las sociedades utilizan los recursos escasos para producir mercancías valiosas y distribuirlas entre los diferentes individuos (Samuelson-Nordhaus). Notamos los componentes sociedades, recursos, mercancías e individuos en la definición y para entenderlos tenemos que remontarnos un poco a la historia.

Hace aproximadamente 5,000 años se registra en los libros económicos la primera manifestación económica de peso a la cual se le denominó como la revolución agraria, consistió en la implementación de nuevas técnicas y herramientas para la práctica de la agricultura. En dichas herramientas se puede mencionar la adición de la fuerza animal a las tareas agrícolas lo que se estima en un aumento de 10 veces en su productividad. Esto ayudó a nuestros ancestros a dedicar su tiempo en otras labores mientras los animales hacían el trabajo por ellos.

Posteriormente hace 250 años, surge la más importante revolución económica desde el punto de vista de producción en masa, la revolución industrial, teniendo sus inicios con la invención de las máquinas a vapor lo que trajo consigo muchas fábricas que fueron facilitadoras del aumento en la producción de bienes secundarios y principales patronas de la población. Se estima que la capacidad productiva durante la revolución industrial aumentó 100 veces. Sin embargo no todo es positivo, pues a la revolución industrial se le atribuyen condiciones laborales infrahumanas además de mala paga a los obreros.

La revolución industrial originó el capitalismo como modelo económico, cuyo padre es Adam Smith, su obra maestra La Riqueza de las naciones (1776) plantea hasta el más mínimo detalle de esta tendencia, en las que deslumbran rasgos característicos como la libre competencia, propiedad privada y la búsqueda del beneficio personal.

La mayoría de países en el mundo han adoptado el capitalismo como modelo económico, sin embargo existen diferentes medidas económicas como el índice Gini y tasa de desempleo[i] que en el transcurso del siglo han aumentado en términos exponenciales, es decir efectos negativos para el bienestar de la población. Todo esto nos hace preguntarnos ¿Es el capitalismo un modelo saludable para la economía? En los años 50 John Nash, un estudiante del programa doctoral en matemáticas de la universidad de Princeton demostró en su tesis titulada Non Cooperative Games[ii] que Adam Smith estaba equivocado cuando dijo que el máximo nivel de bienestar social se genera cuando cada individuo, de forma egoísta, persigue su bienestar individual, y nada más que ello. Nash con su tesis descubre que una sociedad maximiza su nivel de bienestar cuando cada uno de sus individuos acciona a favor de su propio bienestar, pero sin perder de vista también el de los demás integrantes del grupo, demostrando cómo un comportamiento puramente individualista puede producir en una sociedad una especie de ley de la selva.

Por otro lado el Papa Francisco en su primera exhortación apostólica titulada Evangelii Gaudium[iii] dice: “Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico“.

Está más que claro que el capitalismo no es un modelo óptimo a seguir y con esto no estamos diciendo que el socialismo es la solución; con base en las experiencias hemos determinado que estos dos modelos son utópicos y no pueden seguirse a la perfección, sin embargo existen países que han adaptado ambas tendencias y les ha resultado provechoso, por ejemplo Italia con socialismo democrático o Singapur con un capitalismo estatal.

Hay que hacer énfasis en que no solo el gobierno es responsable de determinar el modelo económico a seguir, sino también la población y su literacia económica, estableciendo una cultura de emprendedurismo y consumo hacia lo nacional que tiene como efecto la retención del capital, el mejoramiento en la calidad de vida y  como consecuencia un aumento en la demanda agregada que dinamiza la economía nacional.  

*Colaborador de MedioLleno



[ii] John Nash,Non-Cooperative Games http://www.jstor.org/stable/1969529

 

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