Colaboradores

25 Jul 2013
Colaboradores | Por: Ricardo Poma

Discurso en los 60 años de TOYOTA

Empresario salvadoreño, presidente y CEO de Grupo Poma (Grupo Roble, Grupo Real y Excel Automotriz), presidente de la Fundación Poma, presidente de FUSAL, Rector de la ESEN

Fecha: miércoles 24 de julio de 2013

Celebración de los 60 años de Toyota y 95 años de Excel Automotriz

 

El filósofo y Premio Nobel de la paz Nicholas Murray Butler expresó que en el mundo solo hay tres tipos de personas: los que hacen que las cosas pasen; los que miran las cosas pasar; y los que preguntan qué pasó. Con sano orgullo puedo decir que mi abuelo, Bartolomé Poma, pertenecía al primer grupo de personas.

En 1918, partiendo prácticamente solo de sus conocimientos de mecánica y su espíritu emprendedor él inició el negocio de distribución de automóviles: La Casa Poma. En aquellos tiempos San Salvador era una tranquila villa, en donde los vecinos se conocían y se saludaban por sus nombres en plazas, calles y avenidas. La aparición de los autos por las calles de aquella apacible ciudad de principios de siglo marcó, definitivamente, un antes y un después en la historia del país.

Bartolomé Poma fue pionero regional en esta industria. Con el paulatino auge de los autos, las distancias que se recorrían en horas se acortaron a minutos. La introducción del automóvil, a principios del siglo pasado, fue comparable, en términos tecnológicos, al impacto que ha tenido el Internet recientemente. Fue una revolución que no solo acortó tiempos y distancia, sino que supuso también nuevas oportunidades para el emprendedurismo y el empleo.

Hay un episodio que pone de manifiesto la tenacidad y perseverancia del fundador del Grupo Poma. Solo un año después de iniciado el negocio, cuando éste todavía no estaba consolidado, un voraz incendio consumió el garaje donde se guardaban los autos.  La pérdida fue abrumadora.  Prácticamente todo el modesto capital de mi abuelo fue devorado por las llamas.

La familia quedó en quiebra.  Sin embargo, sacando fuerzas de flaquezas, refinanciando deudas, haciendo trabajos para buscar otros ingresos, pidiendo comprensión y tiempo a los fabricantes, Bartolomé Poma logró poner nuevamente el negocio en pie. La distribución de automóviles, exclusivamente estadounidenses, de las marcas Hudson y Essex, logró estabilizarse poco a poco. Y es que no eran muchos los salvadoreños que podían comprar un carro en aquellos tiempos. En las fotos de antaño que he visto, las placas apenas tenían tres dígitos.

Pero la demanda, aunque lenta al inicio, creció. Y cuando el  incendio ya solo era un mal recuerdo, nuevas pruebas surgieron. Debo decir que superar dificultades es parte intrínseca de la vida empresarial. 

El hundimiento de la bolsa de valores de Nueva York en 1929 que provocó la quiebra de la empresa Hudson, y que tuvo un enorme impacto mundial, propició una nueva crisis en La Casa Poma. Tal situación dejó al negocio sin su principal producto, hasta que, años después, y ya bajo el liderazgo y administración de Didine y Luis Poma, se negoció la representación de la General Motors.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, después de pasar dos años sin recibir automóviles, la empresa reinició sus operaciones con nuevos bríos y comenzó un período de vigoroso crecimiento. Mi padre se lanzó a la búsqueda de nuevas oportunidades.

En 1953, Toyota Motor Corporation buscaba distribuidores en el mundo para empezar a globalizar el negocio y no depender solamente de su mercado interno. El pueblo japonés y sus valores de disciplina y perseverancia hicieron posible que la nación se recuperara de la guerra y se convirtiera después en un exitoso modelo económico. A pesar de las difíciles circunstancias de la post guerra, TOYOTA apenas tuvo tiempo para limpiar los escombros y poner manos a la obra para iniciar el proceso de transformarse en una empresa con liderazgo mundial.

Fue entonces cuando mi padre leyó en una revista automotriz un muy pequeño anuncio de Toyota en el cual ofrecía la distribución de sus vehículos. Él, en un arranque de audacia empresarial, solicitó la representación, y en ese mismo año, cinco automóviles Land Cruiser llegaron a El Salvador.

En la historia de Toyota está registrado que aquellos vehículos fueron los primeros en arribar al continente americano.  Hoy celebramos pues, queridos amigos, 95 años de fundación del Grupo Poma y 60 de la distribución exclusiva de automóviles Toyota en El Salvador. Cuatro generaciones Poma han sido protagonistas de esta historia.

La relación del Grupo Poma y Toyota ha sido una historia de éxito y de mutuos beneficios, pero, sobre todo, de rectitud y lealtad. Gracias a esta historia, se han generado miles de puestos de trabajo. Son numerosas las familias que a lo largo de estos años han convertido sus sueños en realidad. 

Sin nuestros colaboradores, esta historia no hubiese sido posible. Por ello, en estas seis décadas, Toyota y Grupo Poma han conjugado de manera óptima esa trinidad que representa nuestra filosofía empresarial: visión, gente, pasión.

Es por esto que nuestra relación trasciende el vínculo comercial, ya que además nos unen valores que compartimos y que forman parte de nuestra cultura corporativa, a través del Toyota Way y Somos Poma. De esta forma, nuestras empresas transmiten a toda la organización un legado de valores y principios, en los que el respeto a las personas y la búsqueda de la excelencia a través de la innovación continua orientan toda nuestra actividad empresarial.

Hoy que celebramos 95 años de vida del Grupo Poma tenemos mucho que agradecer. En primer lugar, agradecemos a Dios Nuestro Señor por habernos iluminado y guiado por el camino recorrido y por permitirnos servir a miles de personas, lo cual nos llena de satisfacción y sano orgullo.

Quisiera reconocer y recordar especialmente a mi padre, Luis Poma, quien fue un hombre admirable, que tenía una gran visión e imaginación, un singular espíritu emprendedor, una enorme sensibilidad social, y logró visualizar el potencial de la distribución de la marca Toyota en El Salvador. Él fomentó asiduamente la unión de nuestra familia, la que se ha fortalecido a través de las generaciones y ha sido la base fundamental de nuestro crecimiento y armonía. Me alegra sobremanera poder compartir esta noche con los miembros de mi familia, aquí presentes.

Quisiera reconocer a nuestro socio comercial, Toyota Motor Corporation, por su confianza y por la relación profesional, amistosa y solidaria, que hemos mantenido a lo largo de los años. Nos sentimos sumamente honrados y agradecidos de contar esta noche con la presencia del Señor Yasumori Ihara, Vicepresidente Ejecutivo y Miembro de la Junta Directiva de TOYOTA, y Eiichi Tomizawa, Gerente General para Latinoamérica y el Caribe.

Al gobierno de Japón, representado por su distinguido embajador Yasuo Minemura, por el apoyo brindado a nuestro país a través del tiempo.

A Casildo Quan y Romeo López quienes realizaron un invaluable trabajo durante más de 45 años en DIDEA, antecesora de Excel Automotriz; a Jorge Díaz Salazar por su labor destacada de muchos años en promover el éxito de nuestra empresa; a Carlos Boza, Vicepresidente Ejecutivo de Excel, por su liderazgo y entrega; y a mi hijo Andrés, Gerente General de Excel en El Salvador y miembro de la cuarta generación de nuestra familia, por su dedicación, eficacia y profesionalismo y por promover el fortalecimiento de la relación con TOYOTA.

A Jorge Velado, Isaías Alberto, Mario Avilés… a los miembros de los Comités Ejecutivos de los países en los que operamos y las miles de personas que laboran con mística, dedicación e integridad y promueven la estrecha relación humana que se vive en nuestra empresa.

Estimados amigos… esta celebración ocurre en una coyuntura muy particular para nuestra Patria. Los hechos ocurridos en los últimos meses nos pintan un panorama bastante sombrío. Todos sabemos que el secreto de la prosperidad económica de los países reside en la concurrencia de gobiernos democráticos, eficaces, respetuosos de la ley y de un tejido empresarial visionario, dinámico, comprometido y solidario. El buen funcionamiento de la economía descansa en la certidumbre y en las reglas del juego claras. La palabra clave es confianza.

En la actualidad, los 20 países más desarrollados, allí donde hay menos pobreza y más bienestar, allí hacia donde muchos quieren emigrar, son aquellos en donde los gobiernos generan estabilidad y dan continuidad a las políticas que han funcionado para lograr el crecimiento sostenido, y han invertido prioritariamente en educación, salud e infraestructura.

En contraposición está la triste historia de aquellas naciones cuyos gobiernos se asentaron en  el totalitarismo, se sumergieron en la corrupción y se burlaron de las leyes, utilizando los mecanismos de la democracia para destruir la democracia. En América Latina estamos viendo ese fenómeno, y precisamente acá en nuestro país, de manera lamentable, hay signos alarmantes.

Y esto explica la caída que ha tenido el país en casi todos los índices económicos y sociales. Estamos a la zaga de la región en crecimiento económico, en atracción de inversiones, en el clima para hacer negocios, en competitividad… y corremos el riesgo de perder la estabilidad macroeconómica de la que nos sentimos orgullosos. Mientras tanto, aumentan la delincuencia y la pobreza.

Y sin embargo, soy un empedernido optimista sobre el destino de mi querida Patria. Y ese optimismo, permítanme decirlo, no se fundamenta en un simple deseo, un sueño ilusorio, sino en el conocimiento de nuestra gente y de lo que podemos hacer los salvadoreños.

De forma paralela a nuestro trabajo empresarial, hemos apoyado el desarrollo de las comunidades donde tenemos presencia y, a través de la Fundación Poma, trabajamos incansablemente por la educación, la salud y el bienestar de los salvadoreños, con el objetivo de llegar a superar la pobreza en nuestro país.

Los filósofos y científicos están de acuerdo en que todo es cíclico en el universo. A los períodos malos siguen los buenos y así sucesivamente. Con nuestro esfuerzo, fe en Dios y en nosotros mismos, vendrán mejores tiempos.

Como grupo reiteramos nuestro sagrado compromiso con nuestra patria. Aquí nacimos. Aquí, en esta tierra están nuestros orígenes, lo mejor de nuestros sueños y nuestras esperanzas de futuro.

Por ese amor a nuestra Patria y a nuestra gente no vamos a renunciar nunca a soñar y a emprender. Seguiremos siendo, sin ningún complejo, apasionados protagonistas de esta historia. Seguiremos empeñados en dar nuestro aporte para construir una sociedad más justa, más armónica, más solidaria, más pujante y siempre con la vista hacia adelante y con la fe en que un día El Salvador estará en los umbrales del primer mundo. Tenemos lo esencial para alcanzar esta meta. Esa esencia, ese recurso vital, somos los salvadoreños.

¡Muchas gracias!

  • Graciela Ramírez

    todo un ejemplo de servicio

  • Richie Burdeos

    invertir en la patria, el mejor ejemplo para todos

  • eltramsportador

    el patron del mal de quijano, el amo poma dueños mayoritarios del partido arena y su ambision por el transporte publico donde los microbuses toyota representan una buena venta para la empresa, y asi muchos areas economicas que estos empresarios le llevan ambre

  • Ana Mirian

    Qué diferente sería nuestra historia si mucha más gente en nuestro El
    Salvador fuera así de emprendedora y arriesgada. ¿Por qué no ver ese
    lado bondadoso de las historias personales? ¿Por qué siempre ver y poner
    en primer lugar el egoísmo y los complejos?, ¿Qué de malo tiene el que
    alguien comercie la marca Toyota y sea una buena venta hacia el
    transporte público? ¿Qué tiene eso de malo? Eso es trabajo!! Eso es
    superación!! Eso es tener valor de arriesgar!! Si el Señor Bartolomé
    Poma, con poco, pudo hacer esa lucha, ¿por qué otras personas no?
    Sucede, que no conocemos la historia de sacrificio de las personas que
    ahora vemos tienen una posición económica holgada, no sabemos por los
    sufrimientos que han pasado para llegar a donde están! Y sucede también,
    que mucha gente se ha acostumbrado a sólo estirar la mano para recibir
    regalado, sin que de por medio esté el sudor de la frente. Qué lejos
    estamos de aquel orgulloso salvadoreño sumamente laborioso, productivo;
    que a nada le fruncía el ceño. Ahora, ni a cortar café y algodón quiere
    ir!!. Qué triste!! Pero yo también tengo fe en nuestro país, y sé que
    saldremos adelante, amamos demasiado a nuestra tierra!!!!!

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