Colaboradores

11 Jul 2015
Colaboradores | Por: Alejandro Ascencio

Diálogo: ¿discurso o forma de vida?

El país sigue demandando grandes consensos en temas como salud, seguridad, educación, inversión y empleo y dichos consensos jamás podrán lograrse si como salvadoreños seguimos enfrascados en disputas estériles.

El Salvador fue escenario en la década de los 80 de uno de los más crueles conflictos armados en la región y quizá en el mundo. En 1992, con la firma de los acuerdos de paz, se comenzó un nuevo capítulo en la historia nacional. Dicho acuerdo si bien es cierto cumplió muchos de sus mayores objetivos (como el cese al fuego, reformas a la Fuerza Armada, creación de la PNC, reforma al sistema electoral y judicial), aún prevalecen ciertos rasgos de intolerancia en muchas personas.

Las nuevas generaciones, los jóvenes que no vivimos el conflicto, quienes quizá nacimos al final de este o después, pero todos con la característica común de saber o conocer sobre el tema lo que hemos estudiado, somos los principales encargados y hemos de ser los grandes promotores de erradicar a fondo cualquier rasgo o señal de intolerancia que aún pudiese existir. La intolerancia genera distanciamientos entre ciudadanos y poco acercamiento para buscar soluciones. Basta ver cómo en la Asamblea Legislativa, que ha de ser el gran y máximo foro representativo del diálogo, muchas decisiones se toman por imposición de aritmética, incluso violando muchas veces los procedimientos que la Constitución y la Leyes de la República exigen, y no por consenso como idealmente tendría que ser.

En lo últimos años, han  habido muchas iniciativas para promover el diálogo, las cuales nacen de la ciudadanía y como tal rinden frutos. Global Shapers, por ejemplo, con su programa Pláticas de pueblo[1], ha fomentado el diálogo en muchos municipios de El Salvador. Por segundo año consecutivo se ha llevado a cabo el programa 3DSV[2], que reúne a diferentes liderazgos juveniles para dialogar de diferentes temáticas que de alguna u otra forma afectan a los salvadoreños. Quizá la mayor lección que me ha dejado el #3DSV ha sido que las personas se entienden hablando, dialogando, con franqueza, serenidad y sobre todo con tolerancia. Con esta última se pueden lograr muchas cosas.

Quien piensa distinto no es un enemigo sino, alguien con quien se puede llegar a consensos; de todo y todos se puede aprender algo, incluso de quien está en la antípoda de nuestro pensamiento. El diálogo, más que un discurso en El Salvador, ha de ser una constante entre la ciudadanía; como tal deriva muros, tiende puentes, abre la mente y enseña la tolerancia, fortalece la diversidad de pensamiento y es la gran base de la democracia. El país sigue demandando grandes consensos en temas como salud, seguridad, educación, inversión y empleo y dichos consensos jamás podrán lograrse si como salvadoreños seguimos enfrascados en disputas estériles que poco o nada abonan a la solución de los problemas que día a día enfrentamos los ciudadanos. Seamos ciudadanos capaces de hablar y entendernos, pues solamente así se logrará fomentar en las actuales y nuevas generaciones una cultura en la que busquemos consensos y soluciones a los problemas del país. El Salvador ya ha vivido mucho tiempo dividido como para que sigamos dividiéndolo más; es hora de cambiar.

 

[1] https://www.globalshapers.org/projects/building-sustained-dialogue-el-salvador

[2] http://3d.sv/full-width/

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