Colaboradores

1 Sep 2013
Colaboradores | Por: Óscar Melgar

Desilusiones políticas, un mal que hay que acabar

Harto. Esa sería la palabra que mejor me define a la hora de hablar o escuchar algo relacionado a la temática política en nuestro país. Al parecer son pocas o casi nulas las aspiraciones políticas que de verdad buscan sacar adelante al país, a través de programas que beneficien realmente a la sociedad salvadoreña.

Es decepcionante y frustrante saber que se gastan miles de dólares en la publicidad, con un dinero proveniente de Dios sabe dónde, con contenidos ya repetitivos y sin presentar propuestas que realmente valgan la pena. Un gasto publicitario que debería de ser ocupado para desarrollar diferentes proyectos para mejorar la vida de miles de salvadoreños; sé, por experiencia propia, que un gasto en vallas, mopis, anuncios de televisión y otros medios, por alrededor de un mes, se pagan no por menos de veinte mil dólares.

Hace poco, leí que nuestra “honorable” Asamblea Legislativa piensa aumentarse el presupuesto para el año 2014.  Mientras miles de familias en este país viven con un dólar diario, nuestros tan “preparados, educados e informados diputados”, no excluyendo partidos políticos, se preocupan en qué vino, recuerdos u otras regalías tendrán para gastar el otro año.

¿No tuvimos una guerra de doce años para cambiar la situación de país? ¿No se firmaron los Acuerdos de Paz, para lograr consensos y buscar las soluciones políticas, económicas, sociales para tener un mejor país? A veces me pregunto si realmente esta guerra fue necesaria, para dejarnos a las nuevas generaciones un país lleno de inseguridades, violencia, pobreza y egoísmo.

Es realmente desgastante y deprimente que nuestros políticos de hoy en día, sigan atacándose los unos a otros, que se rasgan sus vestiduras en cámaras para llamar la atención de la población porque están haciendo cosas “buenas”, sigan negando la realidad en la que vivimos, donde la pluralidad de pensamiento es permitida y el hecho de pensar diferente no debería dividir sino enriquecer.

Es necesario que nuestros políticos se informen, respeten y trabajen por lograr acuerdos sin ver banderas políticas, donde un proyecto X, ejecutado por cualquier partido que se encuentre beneficiando a la población siga desarrollándose a pesar del cambio de gobierno en elecciones. Donde los diputados, independientemente del partido político que sean, apoyen los buenos proyectos de país, sin importar lo que diga la cúpula solamente por desprecio al otro.

Todo lo anterior parece utópico, sin embargo, espero que algún día nuestros diputados sean iluminados por algún ser superior y lo cumplan. Ojalá sea pronto, para que cambien de actitud, porque  si no, este país caerá en lo más decepcionante y absurdo (si no estamos ya ahí).

Mientras perdemos el tiempo en discusiones inútiles, argumentando que ideología o partido político es mejor, esos a los que llamamos políticos, están tranquilos, gastándose el dinero en cosas inncesarias, a través de los impuestos que pagamos día con día con un trabajo honrado y sacrificado.

 

 

*Colaborador de MedioLleno 

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