Colaboradores

25 Nov 2018
Colaboradores | Por: Zarko Pinkas

Desde la venta del quinto piso

Desde la ventana del quinto piso, Jonás podía ver las olas que golpeaban las rocas. La escena le parecía repetitiva, ya que cada día sonaba la alarme de su reloj y él se levantaba para afrontar la misma realidad.

Miró en el espejo su rostro cansado y con rapidez se peinó. Tomó una taza y se sirvió té de manzanilla. Había tenido una noche con sueños raros. El mismo se cuestionaba sobre si tenían algún significado onírico. Repasaba libros y artículos en Internet sobre significación de sueños y no le encontraba lógica a las vivencias que tenía en sus momentos nocturnos.

Siempre se sintió raro al salir de sus sueños y eso lo ponía nervioso al punto que iba hundiéndose en una depresión que él mismo consideraba excesiva. No había tenido una mala vida en realidad, después de todos en estos tiempos la mayoría de personas solo sobreviven así que un viaje al mes al mar, una salida nocturna a la semana y poseer un vehículo eran logros de vanagloriarlos en su propio discurso interno.

Continúo tomando té de manzanilla y  cuando miró el fondo de la taza pudo ver un pequeño insecto. No más grande que una mariquita de color azul nadaba en su brebaje. Lo cogió  con los dedos y lo puso sobre la pequeña mesa que tenía junto a la ventana.

Por un buen rato, Jonás estuvo viendo como el insecto se movía. Al caminar se daba vuelta y solo las patitas movían lo cual le hizo sentir una tremenda tristeza. Fue así que pensó que la vida de ese pobre bicho no tenía mucho sentido.  Tratando de volver a su respectiva posición para después nuevamente girarse y quedar abandonado, siendo presa fácil de otros depredadores como la araña que vivía en la esquina de su habitación.

Pasaron las horas y Jonás pensó en salir a pasear por la playa. Se alistó y ordenó su cama. Puso todo en orden y se dijo que este día sería distinto pues era fin de semana, y mucha gente visitaba la zona.

Antes de salir, tomó la taza y vio que el escarabajo estaba nuevamente ahí.  Sin pensar de un golpe lo mató. Miró su mano y vio como el insecto todavía se movía y volvió a dar una palmada en el borde de la mesa. Estaba seguro que su molesto visitante estaba exterminado.

Su rabia se transformó en lástima y comenzó a llorar. No sabía cómo había podido asesinar a ese pequeño insecto. Lloró sin cesar por horas y trataba de unir las partes del escarabajo, pero no lograba hacerlo. Llegó la noche y la oscuridad saturó su habitación. La neblina de la oscuridad entraba por los vidrios rotos de su hueco en la pared y Jonás tomó conciencia que había estado soñando todo.

Vio por la ventana y pudo ver el muro que daba a un basurero llenó de casas construidas con cartón y metal. El techo de su covacha estaba saturada de cucarachas de todos los tamaños. Se sentó en el suelo y trató de dormirse, pero no pudo. Intentó   encender una colilla de cigarro pero no tenía fósforos, buscó algo que comer en una bolsa que había rescatado de un basural y no encontró nada que meterse en la boca. En ese mismo momento, en ese instante profundo de saberse atrapado en medio de una soledad abismal no dijo absolutamente nada.

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