Colaboradores

11 Jun 2017
Colaboradores | Por: Ludwin Arévalo

De quién gane depende lo que vamos a comer

“La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad, aquello con que no se puede contar. Tuerce programas y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad; permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar”, escribía el filósofo Antonio Gramsci.

Y es de eso nos vemos rodeados hoy en día. La gente dispara frases como: “no importa quién gane las elecciones, si no trabajamos no comemos”. Y mucha razón, pero no deberíamos ser tan indiferentes, porque de quién gane depende lo que vamos a comer.

Claro está que no es sólo culpa de las masas el volverse indiferentes. Las políticas pierden su valor cuando la impunidad de los políticos se vuelve el pan de cada día y las personas no saben a quién creerle, y con justa razón. Pero más allá de eso, no se puede dejar que cualquiera obtenga poder sólo con indiferencia, luego, cómo decía Gramsci: sólo las masas amotinadas, las revueltas, la revolución puede revocar lo que con indiferencia hemos hecho.

Votamos únicamente para tener un chivo expiatorio, al que culparemos de nuestros problemas durante los próximos 5 años, pero nada más. Y no decidamos votar por los mismos que nuestros padres, porque son los menos malos o simplemente porque no sé. Al final, pareciera que dejamos todo nuestro futuro en manos de otros, porque es muy difícil estar pendiente del circo político que en el país se monta, y ya no sabemos a quién creerle e investigar es muy cansado.

Votamos por bandera porque, por desgracia, a muchos no les importas quién esté a cargo, sino la ideología. Y, aun así, tenemos alcaldes y diputados que parecen vitalicios. Votamos por las caras porque ya aburren los mismos y se necesita carne fresca en la política, pero solo para que esas nuevas caras se conviertan en marionetas de la ideología del partido con el que se afiliaron; entonces ¿Qué podemos hacer?

Es importante que como ciudadanos participemos activamente de todo los aspectos de nuestra sociedad. Así como el voto es un deber como ciudadanos, también la participación activa después del voto. Asambleas comunales, partidarias, de iglesias, son solo ejemplos de la participación que como ciudadanos interesados debemos tener para sacar a nuestro país del hoyo en el que está sumergido con nuestra cultura individualista e indiferente.

Nos quejamos hasta que nos han quitado los bancos, hasta que nos han quitado las pensiones, hasta que nos quiten el agua y salud pública. ¿Hasta cuándo estaremos sentados viendo como nos quitan todo? Y no, no hay que hacerlo por la fuerza con revueltas y revoluciones. Esas las tenemos que hacer en nuestra cabeza: pensar, criticar, leer, buscar y participar. Activemos la sociedad. Un pueblo educado y activo es uno libre, uno que no admite corruptos, uno que no necesita otra guerra. Debemos despertar nuestra mente y dejar de ser pasivos.

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