Colaboradores

2 May 2015
Colaboradores | Por: Diego Carpio

De lo pequeño a los grande

 

El gobierno no puede solucionar un problema grande sin solucionar los pequeños. Soy de los que quiere ver triunfar la justicia y que esta ola terrible de asesinatos termine. No solo es tarea del gobierno, como sociedad debemos dejar los pleitos porque si seguimos con el “ojo por ojo” quedaremos ciegos.

La situación actual de inseguridad que se está viviendo en el país es de carácter urgente y de mucha preocupación. Todos conocemos el problema de una u otra forma y a muchos nos ha afectado de manera directa. Existen diferentes factores que hacen peor la inseguridad y al que le toca pagar los platos rotos es al gobierno de turno. No importan las excusas o justificaciones que puedan exponer, ellos están en el poder y ahora tienen la oportunidad y la obligación de hacer una diferencia creando políticas públicas que sean verdaderamente efectivas para la lucha contra el crimen. El gobierno puede crear una maravillosa política de seguridad pero los que al final judicializan al criminal son los jueces. Es necesario poder tener también un Órgano Judicial a la altura de la situación. Pero vemos muchos casos impunes que es casi imposible pedirle a dicho Órgano que actúe de la mejor forma posible. Casos como el de Francisco Flores, expresidente de la República, que está estancado, o como el del joven descuartizador, que para muchos recibió una pena muy baja.

Tenemos instituciones de “transparencia” pero solo de nombre. Para muchos no están muy claros los negocios que sucedieron para que el actual presidente de la Asamblea Legislativa obtuviera esos terrenos que son ya muy famosos. El gobierno tiene que trabajar en conjunto para que todas las instituciones no dejen pasar el más pequeño delito que ocurra. Es difícil que un niño tenga una educación digna y de calidad cuando los maestros no quieren tener capacitaciones para mejorar; si se mejora la educación es posible que muchos dejen de buscar el camino fácil y delinquir.

La familia como centro de la sociedad está desintegrada. Cuando no existe una política pública que proteja a la familia y mucho menos una moral como brújula en la vida, será difícil que existan buenos frutos de esas familias. Es cierto que no es una regla, existen excepciones y es muy alegre leer historias de jóvenes que se lograron superar de su situación y buscar ser mejores personas. No se le puede pedir al gobierno que arregle la situación actual cuando ni siquiera puede trabajar bien internamente, más cuando existe un Órgano Judicial poco operante y diputados que se recetan bonos en abril. Tal parece que el Estado que no está inmerso en la realidad nacional y cuando llega a tratar de solucionar los problemas le es más difícil tener un buen resultado.

Recuerdo haber escuchado en una entrevista decir al señor Hato Hasbún que las “pandillas no controlan territorio”. ¡Cómo es posible que tengamos funcionarios tan alejados de la realidad nacional! Cuando existan cambios de lo pequeño a lo grande entonces el gobierno podrá realizar su trabajo. Recordando mi clase de política, un buen gobierno es aquel que no solo crea políticas públicas para solucionar las demandas de necesidad del momento, sino que oportunamente piensa en el futuro para resolver los problemas que puedan venir. Por eso creo que como pilar fundamental para combatir la delincuencia es la reinserción, y una reinserción de verdad, fuerte. Se deben crear las oportunidades para que los que estén con la voluntad de cambiar sean recompensados.

El gobierno no puede solucionar un problema grande sin solucionar los pequeños. Soy de los que quiere ver triunfar la justicia y que esta ola terrible de asesinatos termine y El Salvador pueda ser el país que tanto queremos. No solo es tarea del gobierno, como sociedad debemos dejar los pleitos porque si seguimos con el “ojo por ojo” quedaremos ciegos.

 

 

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