Colaboradores

29 Mar 2014
Colaboradores | Por: Javier Batlle

¿Cuál tamaño? Es cuestión de actitud

Se acabó la contienda electoral: “¡AL FIN!” dicen muchos; después de todo, enfrentamos una campaña interminable y por momentos muy tensa. Sin embargo, esta tensión hizo despertar a muchos que estaban dormidos y que ahora se han quedado con ganas de seguir involucrándose, opinando y ayudando, cada quién a su manera pero con el mismo propósito: construir un mejor país.

A pesar de estar motivados, muchos todavía nos frenamos ante la imponencia de las instituciones y otros “gigantes” del acontecer político nacional, ya que estos grupos e instituciones parecen tener todo el poder y apoyo. En buen salvadoreño, nos ahuevamos. Esto no debería ser así por muchas razones. Por motivos de ilustrarlas de mejor manera me apoyo en una historia conocida por muchos, pero vista desde un ángulo conocido y considerado por muy pocos: la verdadera historia de David y Goliat.

A simple vista, Goliat, un gigante filisteo, parecía tener la victoria asegurada; un guerrero gigante, fuertemente armado y entrenado toda su vida para el campo de batalla. Por otro lado estaba David, un joven pastor de Israel que no tenía armadura alguna y lo único que portaba era una honda. La mayoría de versiones de esta historia pintan a David, antes de la batalla, como el más débil, cuando en realidad siempre tuvo la ventaja. Esto es lo que no cuentan muchos: Goliat, con una armadura completa y pesada, tenía poca movilidad. Además de esto y debido a su entrenamiento, él esperaba una batalla de frente, espada con espada, con David.

Sin embargo, David ocupó una estrategia que le dio todas las ventajas del mundo. Sin armadura alguna, tenía la flexibilidad de moverse rápidamente y su honda le permitía atacar desde lejos, sin tener que acercarse en lo más mínimo a Goliat. Encima de esto (y otro dato que se ha quedado fuera de la historia popular), David era un maestro con su honda; como pastor, su única defensa en contra de los depredadores que acechaban a su rebaño era esa honda, con la cual tenía la precisión comparable a la de un francotirador en tiempos modernos. En otras palabras, David tenía la victoria servida en bandeja de plata desde un principio.

Podemos aplicar esta misma historia a nuestra realidad. Las instituciones políticas, con sus maquinarias y su voto fuerte, parecen ser un gigante; tal vez en tamaño lo sean, pero no en muchos otros aspectos. Muchas veces, la ideología de los partidos se impone sobre el propósito de trabajar por el país. Esto crea división. ¿Alguna vez han escuchado que “la división hace la fuerza”? El fanatismo es otro gran problema que causa aún más división, nubla la visión de muchos y los hace olvidar el propósito de trabajar por el progreso del país y no solamente trabajar en contra del otro bando. Estos problemas son la “armadura pesada” que imposibilita la movilidad de dichas instituciones y a veces incluso las hace desviarse del propósito de abogar por el progreso.

Como sociedad, tenemos el poder de desligarnos de este partidismo y de alejarnos de estar apegados a ideologías. Tenemos la capacidad y el poder de usar estrategias distintas (como lo hizo David) para trabajar por el país. Esto nos da una ventaja muy grande como sociedad, una sociedad que, unida, podría llegar a hacer cosas impresionantes y que ya demostró su potencial entre el 2 de febrero y 9 de marzo pasados.

Este es un llamado a todos aquellos que queremos seguir trabajando, como lo hicimos en preparación para la segunda vuelta electoral, por el bien de la patria. Llegó la hora de actuar, de seguirnos involucrando, de seguir opinando y ayudando, siempre con criterio y con nobleza. Nos podemos encontrar con muchos obstáculos. Nos podemos topar con muchos “gigantes”, pero al final del día, no es cuestión de tamaño, es cuestión de explotar nuestro potencial. Al final del día, es puramente cuestión de actitud. 

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