Colaboradores

5 Abr 2014
Colaboradores | Por: Alvaro Aguilar

Concertación

“Ahora, ya con los ánimos enfriados y con la mente más que pensante, parece que la derecha tiene una revolución en sus bases”.

Antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, hubo un factor determinante: una campaña corta y sin nada que ofrecer por parte de ARENA. Esto se traduciría en una ventaja de casi 12 puntos para el FMLN.

¿Qué falló entonces en la segunda vuelta para el FMLN? Casi pierde la notable ventaja obtenida. Visto desde el campo mediático, la derecha tuvo un mejor enfoque para dirigir sus mensajes; sin embargo, y pese al esfuerzo del instituto político tricolor, la población tuvo una inclinación hacia la izquierda, menos notable, pero al fin una ventaja que le valió cinco años más en el Ejecutivo.  

Quizá desde la óptica social, la población tuvo una mejor permeabilidad de los mensajes brindados por el partido opositor, sobre todo con la semejanza de los problemas coyunturales que aquejan a la sociedad venezolana. Tal vez no sea una razón de peso, pero en alguna medida surtió efecto y eso se evidenció en los resultados de la segunda vuelta.

Aunque las cartas están tiradas, ya con una nueva mancuerna en la Presidencia, queda la duda, por lo menos en la alta dirigencia de ARENA, si en verdad fueron procesos electorales transparentes. Aunque los observadores internacionales, la Procuraduría y la Fiscalía dieran su visto bueno y manifestaran que no existió ningún indicador de posible fraude; ellos (los del partido Arena) mantuvieron en vilo al Tribunal Supremo Electoral (TSE) con cada petición de recuento voto por voto, con cada nueva carta o supuesta prueba presentada a la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

Todo lo anterior, con dimes y diretes, retardaría el anuncio que todos sabían: El TSE nombra oficialmente a Salvador Sánchez Cerén, como presidente, y a Óscar Ortiz, como vicepresidente. Finalmente, se terminaron las acusaciones y los mensajes proselitistas en la radio y televisión.

Ahora bien, ya con los ánimos enfriados y con la mente más que pensante, parece que la derecha tiene una revolución en sus bases. Muestra de ello es que hablan de posibles cambios estructurales y de una reorganización en sus filas con miras a las elecciones del 2015. Esta es la verdadera democracia, la justa de buenas batallas ideológicas y argumentos que cautiven a la población siendo parte intrínseca de la participación ciudadana.

Por el contrario a la incertidumbre de Arena, el FMLN se revuelve de alegría por ser electo nuevamente y desde ya piensa en ajustar los viejos proyectos sociales y crear nuevos ministerios para la inclusión de la sociedad.  

Sin embargo, con el entusiasmo no se pueden financiar los proyectos, que desde ya se ven costosos. Por ello, es necesaria una alianza con todas las fuerzas políticas y la empresa privada. Sin duda, esa es la parte más complicada que tendrá la izquierda: la concertación con la otra mitad; esa que no está del todo contenta con las políticas y los planes ejecutados por el actual gobierno.

Con lo expuesto anteriormente, el principal reto de este gobierno debe ser, más que una obligación, un canon, la unificación y la concertación de todos los sectores sociales para ejecutar un plan integral de país. Quizá parezca utópico o una locura, pero de existir voluntad se puede lograr. Como diría Juan Donoso Cortés, hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos. 

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